lunes, 15 de agosto de 2016

EDUARDO PADILLA - ¡GIRA, CÍRCULO DE FUEGO!





—¡Ah, hermosos ojos, hermosos ojos! —y se lanzó al vacío.
E. T. A. Hoffmann


El horror me ahorcaba con su cuerda
así que di un salto hacia atrás
y me miré desde el otro lado del disco.

La perspectiva cósmica aniquila a los reyes
pero libera a los asalariados.

Ya vendrá otro mundo
y otra cosa que vuele y observe.

Mi casa tiene peor memoria que yo
y así estamos bien.

Quería aprender a trepar árboles
pero no quería pagar por el curso
y sentarme a recibir instrucciones.

Si trepar árboles lleva a algo
es al entendimiento de tu propia extrañeza.

Le pregunté al alpinista:
“¿Por qué quieres trepar el Everest?”

“Porque está ahí”
me responde.

 Sólo por              hacerlo
salir
e irme.

Sólo por la vista.

Sólo por dejarme allá bajo,
mirando hacia arriba con la boca abierta.
Saludarme desde la cresta.

Sólo por juego. Sólo por jugar a que respiro.

Pero no sólo por complacerme.

Hay que desconfiar del bienestar
y de la mano que conoce demasiado bien
el acomodo de las cuerdas.
La mano que tensa la cuerda del placer
tira con gusto de la cuerda del castigo.

Trepar árboles
y pasear la mirada
no es una forma de conseguir sexo fácil.
Trepar y pasear
no es un sedante.
No es embarrarse ungüento
en el alma.
No es paz.
No es estar bien con uno.
Es librarse de uno.
Sin perderse
o matarse.

La desesperación ayuda.
¿No es extraño?
La desesperación es el motor.
Sin ella no habría salido nunca.
Por su gracia salgo de la celda
y tomo largos paseos.

Aprender a dar largos paseos fuera de uno
ya que
es cruel ser sólo uno.
Tener miedo todo el tiempo.
Tantas cosas que arrastrar.
Tanto que recordar
y perder.
Miedo a perder tantas cosas.
Tantas exigencias
y acuerdos.

La idea que uno tiene de uno
es un vampiro.

Salir de paseo no es imposible.
Es chocante comprobar
lo poco imposible que es.

Es chocante comprobar
que siempre estuvo ahí
sentada bajo tus narices,
haciendo burbujas.

Estabas demasiado ocupada siendo lo que sea que eres.
Teniendo opiniones.
Deberes.
Consignas.
Y ella sólo quería que cerraras la boca
y la sacaras a pasear al parque.

Hay que aprender a patinar
con los sentidos
muy lejos de uno.
Muy lejos de uno es
extrañamente
más cerca que antes.
Patinar afuera
de la miserable comarca.

¡Vania,
es una música atronadora!

Está en las hojas del parque
y en todo lo que cuelga
de una cuerda.

Se tira un clavado desde el sol
y se hunde en las brechas
del castillo.

Bailoteo intenso que no rompe las cuerdas.

Música atronadora que no rompe los oídos.

Hay que pasear por el parque
como la barra de mantequilla
pasea por la sartén
y el fuego.

miércoles, 10 de agosto de 2016

CLYO MENDOZA - SOBRE ENSAYOS MALOGRADOS














SOBRE ENSAYOS MALOGRADOS, DE ALEJANDRO TARRAB
CLYO MENDOZA



En Japón hay un lugar llamado El mar de árboles, un bosque en la base del Monte Fuji donde la gente ha ido a través de los siglos a suicidarse. Más de quinientos cadáveres, más de quinientos dolientes fuera del bosque y la suma crece todavía. Se hablaba de demonios habitando El mar de los árboles, se habló de la cualidad extraña de algunos lugares donde debe cuidarse que el estómago no se digiera a sí mismo, que una idea no se confunda con una evocación, que soñar no sea confuso.  “No debemos temer que la locura de matarse (folie de se tuer) llegue a ser una enfermedad epidémica, porque contraria los deseos de la naturaleza”, dice Tarrab. La pregunta de por qué seremos tan quebradizos, tan mortales se ejemplifica aquí con los suicidas literarios: Ofelia, Egeo, Primo Levi, personajes melancólicos en los que ha cesado su impulso de vida, personajes al mismo tiempo rebeldes ante la más imperante de las convenciones: conservar la vida y no sembrar el otro el instinto de la muerte. La vida del suicida es “una línea artificialmente construida”.

La pulsión de la muerte es en algunos, la pulsión de la vida en otros. El suicida tiene el instinto de supervivencia invertido.
Y qué es eso que atravesó el ojo de una mujer o un hombre para que mudaran ese impulso de vida ¿es una propensión heredada, una herida que trasciende, o se propaga, más allá de la propia sangre? ¿O es sólo que una herida de la propia experiencia se llaga y lentamente nos envuelve?
Según Eduardo Cirlot en su definición del símbolo del suicida “en las concepciones hinduistas, y más aún en el pamsiquismo, suicidarse es un acto enteramente inútil, ya que suprime sólo el aspecto exterior, un ente (que no es el ser, sino una manifestación de él)”. ¿El dolor del suicida trasciende también al ente? ¿Trasciende sangre, herencia, al mundo mismo? Esas son las preguntas que intenta responder este libro conmovedor, bellamente trazado desde un discurso que parte de la razón a la intuición, al instinto.

El suicida es el cadáver que resta de la batalla con la herida, y, dice Tarrab refiriéndose al cuerpo del suicida “No hay tierra que recoja un cadáver, su mundo es el horror a la intemperie”.
Este libro doma el mundo del suicida y lo contiene. Están aquí las tierras punzantes que terminaron de ceñir a la abuela Carmen hasta que decidió matarse. Aquí se recoge el cadáver de la abuela, un cadáver que existía ya desde antes de que el calor de las balas hiciera en ella sus círculos concéntricos. El cadáver de Carmen, el cadáver de los suicidas, empieza antes: “Nadie es víctima, pero digamos que el móvil, el dedo que tiró del gatillo en aquel suicidio, fue el abandono”.
El cadáver de Carmen era también Carmen viva.



Se dice que en el medioevo la vida era tan corta, que los hombres creían que el mundo era un limbo transitorio que no valía la pena vivir, y se mantenían, más estoicos por temor que por supervivencia, brevemente vivos hasta abrazar la realidad que se prometían, venía con la muerte. 
Pero para nosotros la esperanza de vida, es otra cosa. La cercanía con la muerte nos define, unos hombres cierran las salidas de los puentes, cercan los lugares altos, pero los otros hombres, los de instinto invertido, van a la muerte desde cualquier lugar del mundo y, ante la necesidad, en cualquier circunstancia.

El suicidio es desde el ángulo existencial, “un símbolo de destrucción del mundo, puesto que la doctrina que carga todo el valor de la realidad en el ámbito de una existencia identifica con ella –la totalidad-“, retoma Cirlot en su Diccionario de símbolos. En Ensayos malogrados, los fragmentos escritos en otros idiomas, la mención de altitudes propicias para la caída, de distintos países, descubren la cicatriz universal que es darse muerte.
“El hombre es un insecto pertinaz que insiste en las comunidades, pero en el interior, herida, se tiene sólo a sí mismo. Cuando tocas esa cicatriz, el animal repara. Alimaña, bestia alazana que va sangrando y agrede, no por venganza, sino por un dictado que no puede controlar” dice Tarrab.

Distintos espacios y distintos suicidas: una mujer, caballos, búfalos, son la casta de inmolados que nos hace mirar Tarrab, como una muestra de que suicidas podríamos ser todos. Son ensayos malogrados, porque, así como el lenguaje en Altazor se descompone hasta ser ilógico para demostrar un mundo metafísico y los límites de lo expresivo y lo verdaderamente real, así Tarrab abandona la difícil racionalización del acto de darse muerte. El ensayo deviene poesía, poesía visual, imagen pura. 

El libro de Tarrab está construido con imágenes que conversan desde la distancia: una ciudad abundante en calles, Un niño que sube de la mano de sus padres como hacia el patíbulo que es volverse consciente del propio estado inperenne, un niño que sube de la mano de sus padres (puro y de verdad puro, todavía, porque pureza puede ser el desconocimiento de la muerte), la escalera que sube hacia el lugar del suicidio, la escalera Penrose que es ilusoria e infinita, una escalera en loop, el Canon Cancrizans de Bach, la cinta de Moebius.

Tarrab nos dice que somos mortales y en nosotros araña desde siempre la muerte. Este libro no es una proclamación contra la muerte, esto es la negra leche del amanecer que Carmen bebía antes de dispararse a la cabeza o al corazón.
 Un hombre bebe un café malo y contesta el teléfono. Al teléfono está la madre y sentencia como amenaza: “El suicidio es hereditario”.
Es el libro en el que alguien proclama que ante todo escoge el fuego.



Alejandro indaga en el corazón de lo que ha muerto, que es el propio corazón, porque en él se revuelve la misma sangre y tal vez el mismo plomo de una bala pasada, una bala iniciática, el miedo resultante, el temor al bucle y a la repetición. “Se muere no a causa de una regla invariable (igual que todos), sino eterna y milagrosamente ante el peligro de no morir o de morir como otro: que me antecede, P que me sucederá en el tiempo.” Dice Tarrab.

En el canto decimotercero del Infierno de La divina Comedia, Dante relata nos conduce al séptimo círculo, donde se encuentran los violentos contra sí mismos. Ahí está el bosque de los suicidas, un áspero paraje a donde caen las almas de los condenados y encarnan en árboles que hieren todos aquellos  que pasan:
 "¿Porqué me quiebras?" "¿Porqué desgarras? / ¿No tiene tu espíritu piedad alguna? / Hombres fuimos y ahora nos han hecho plantas" (vv. 35-37)
 Los suicidas han renunciado a su calidad humana y Dios ha decidido rebajarlos a esa triste flora que señala su antagonismo con la naturaleza.  lo muerto en el libro de Tarrab, no es aquí siquiera esa vegetación llorosa, es algo que “empieza a ser reconocido y requerido por colonias y nubes de plagas a la distancia”, aquí un cuerpo se termina y no hay posibilidad de nuevo inicio, la trascendencia del cuerpo radica en la herencia, en el influjo de cada decisión tomada para la vida y por eso, dice Alejandro: El suicida es, pues, un forjador, un suplantador que escribe con su cuerpo, con el acto último de su cuerpo, de su pensamiento, y finalmente, con su ausencia, algo tremendamente enérgico a favor de la vida”. 



*


Alejandro Tarrab


E
l suicida no es bienvenido en el espacio de lo sagrado. Su cuerpo no debe, bajo ningún motivo, descansar. Su alma no debe liberarse. Habrá que arrancarle la mano a ese cadáver, cercenarlo, arrancarle la mano con la que dio el último lance. En la Grecia antigua se hacía esto y la extremidad se enterraba aparte. Lejos.

El cadáver del suicida es un despojo, no debe sacarse por la puerta delantera, habrá que defenestrarlo, trasladarlo boca abajo para que su alma no ascienda y se ahogue. Para ello, se le pueden sacar también los ojos y rellenarle las cavidades con paño oscuro. Mutilar el cuerpo, castigarlo, arrancar la cabeza que formuló ese atentado. Mutilar también el alma, en caso de que haya un alma, de que en este cuerpo-despojo quede algún vestigio de aliento.

El suicida no debe derramar sangre, lo dicta el libro de los Salmos. Si así lo hiciera, la tierra, el polvo adamah, se tornará en un páramo, en un yermo infecundo. Ante una tierra así, mancillada por la violencia, los viajeros perderán la orientación, perderán el sentido.

El cuerpo informe de este abyecto, violento contra sí, deberá abandonarse en un cruce de caminos para desorientar a su espíritu. Sobre su cabeza se colocará una roca de gran peso. Mi deseo es que no regrese. Otra alternativa apunta hacia un estercolero o muladar distante, en cuyo caso el cuerpo deberá arrojarse con los ojos hacia el suelo, siguiendo la unión e intersección de los elementos comunes (teoría de conjuntos): fimus et fimus.

Los suicidas no tienen nombre, lo dictó Luis XIV y se confirmó durante años, ad perpetuam rei memoriam, los suicidas no tienen tierra ni familia, mueren intestados, no tienen bienes, no tienen rostro, no tienen lengua ni designio, jamás los tuvieron. Sus familiares, al menos por tres generaciones, serán castigados, vejados. Deberán olvidarlo todo.

Los habitantes del lugar en donde alguna vez vivió este proscrito deberán ver y escarmentar. Para ello se les mostrará en la plaza pública la cabeza del suicida ensartada en un garfio, el suicida colgado de cabeza, el suicida ahorcado reiteradamente: colgar al insano que abrió con fuego su cabeza, colgar al ahogado, al loco, al hinchado por veneno o por agua, colgar al enajenado, al despeñado, penderlo, colgar al ahorcado una y otra vez con saña, tirar de esa cuerda.

Niños y ancianos, todos, deberán humillar este cuerpo suspendido y olvidar continuamente su nombre. Sobre todo eso, relegar su nombre el mismo número de veces que cuelgan su cuerpo. El muerto no es suyo. Que no permanezca, mi deseo es que no regrese, que no trascienda.

El suicida no es bienvenido en el espacio de lo humano, el suicida es un malogrado. Fimus ad perpetuam. El suicida no es ni deberá nunca, bajo ningún motivo dictado por lo humano o por alguna/cierta fuerza desconocida, oscura o celeste, real o imaginaria, ser.











En suma, se pide al individuo que sea lo que fisiológicamente no es:

—Sé este algo.

No debe extrañarnos que la acción que el educador ejerce sobre la juventud produzca
gran cantidad de hipócritas y algunos rebeldes.


DOLCE STIL MOSTRO - JESÚS CARMONA ROBLES





































De Poemas para ahuyentar a Satán (El Gaviero Editores 2015)




Comer solo 
                                                                                     Para Robin Myers


¿Recuerdas el sonido del papel estraza
cuando tus dedos desenvolvían
ese escueto desayuno?
Aún borracho mentías en silencio
frente a esas mujeres que instalaban sus puestos de comida
recordándote a tu madre lamiendo la palma de su mano
después de golpearla con una cuchara de madera;
recordándote a esa mujer que te advirtió la posibilidad
de ropa interior regada por el suelo
cuando mirándote a los ojos te extendió la llave de su cuarto
para que te ducharas y durmieras un poco.

¿Recuerdas el sabor de esas vísceras,
de ese ojo, de aquel cerebro que
envuelto en maíz mitigó tu ansia?
porque eso no era hambre ni la vida era una fiesta,
pero buscabas en lo desconocido
una razón para acostarte a dormir
sin sentirte derrotado.
Entrañas ajenas en tus entrañas.
Y entre el sabor a amoniaco que se revolvía en tu paladar
surgió el recuerdo de una boca entrando a otra boca:
dos hambres en una sola fiesta
capaz de alimentar a los desesperados.

¿Recuerdas tu boca llena de agua
cuando por error volaste en clase ejecutiva
y te sirvieron un humeante plato de espaguetis?
El avión no se inundó de sangre
como en tus sueños,
pero en las formas de las nubes que escoltaban el avión,
-como los delfines que acompañan a los barcos
Hallaste la forma de una mujer cuya agua era tuya,
y la sangre de la soledad humeó en tu vientre;
un oculto apetito rechazó la cena
y los delfines volvieron a ser delfines.

¿Recuerdas a esa mujer pequeñita y extranjera
que con lujo de detalles enumeraba los platillos
que estarían en su menú ideal?
Jamás la besaste, pero comieron juntos en dos ocasiones,
y eso es casi lo mismo.
Luego coincidiste con ella en una ciudad que te adelgazó,
que calcinó la parte más dura de tu inocencia,
y desolló la aún resplandeciente carne de niño
oculta en tu barba y tu pecho.
Esa noche ella enumeró las cosas de su vida
que la hacían ser quien es,
y cuando la escoltaste a su hotel
-como los delfines a los barcos-
pensaste
en las cosas que te dan hambre
y te hacen llorar.

Algunos te dirán que hay en el mundo personas que mueren de hambre
pero jamás podrás responderles:
es que yo soy uno de ellos,
porque al final de todo
el único alimento que no terminarás vomitando
son los recuerdos: una servilleta con un beso,
un gemido, muchas risas rebotando en las paredes de una habitación,
botellas llenas de ceniza, la luz del atardecer bañando la universidad,
un pelícano zambulléndose en el océano, una lágrima ennegrecida
por el maquillaje, la lluvia cayendo en la piscina del hotel,
tus padres, sus padres, un perro muerto, tus secretos
convirtiendo las palabras en acciones, tus miedos
convirtiendo tus deseos en palabras, una posibilidad.

Toda hambre es distinta.
Por eso estamos solos.





El juego de no parpadear


Mi amor es la espuma que sale de la boca del epiléptico.
Mi amor es una parvada de patos que vuelan de noche
huyendo del invierno.
Mi amor es un cazador que se quedó dormido esperando
a que los ciervos durmieran.
Mi amor es una jacaranda negra.
Mi amor es un tazón de carne y fideos en una humeante
calle de Vietnam.
Mi amor es el orgasmo de un cerdo.
Mi amor es ese lugar de Oceanía donde el viento sopla tan fuerte
que cuando llueve el agua nunca toca el piso.
Mi amor es un oso polar.
Mi amor es un museo rojo donde las esculturas son de sangre coagulada
y los lienzos tienen rojos labios que callan.
Mi amor es un niño tartamudo que reza el padre nuestro
mientras papá habla de cómo se va a suicidar.
Mi amor es el jadeo de un oboe que sale del agua.
Mi amor es la ternura de un demonio que se ha quedado sin mentiras.
Mi amor es no saber usar una cafetera.
Mi amor es el poema que dices de memoria
cuando todos se quedan callados.
Mi amor es el jadeo de almendra que sale de tu sexo.
Mi amor es un gato maullando en la cima de una montaña de ropa sucia.
Mi amor es un mensaje extraterrestre sobre un campo de trigo.
Mi amor es el jugo de granada que bebe un niño iraní.
Mi amor es un marinero que llora mientras se masturba.
Mi amor es una cicatriz sin pasado, presente o futuro.
Mi amor es la sangre que efervesce cuando otra sangre se enfría.
Mi amor es la cueva donde un fantasma toca el xilófono.
Mi amor es semen sobre un pezón color cereza.
Mi amor es un televisor prendido en una habitación de hotel vacía.
Mi amor es una anciana que canta mientras arranca tomates.
Mi amor es un salaryman japonés que canta en un karaoke.
Mi amor es un caballo que va en cámara lenta y luego en cámara rápida.
Mi amor es la gota de vino y el trozo de pan atorados en la barba de Dios.
Mi amor es una luna inflamada en sangre púrpura.


viernes, 5 de agosto de 2016

SU XIAOXIAO. WENDY ENVEJECE EN EL JARDÍN DEL (AISLAMIENTO).

































es esta lengua mi ortiga fluorescente mi plaga
mi llaga abierta
carcomiendo todo

me dijo sobrevaloras el lenguaje y / no creas que tienes la culpa de / todo
qué falta de perspectiva
pero la lengua crece levanta la gran muralla china dentro
pensamientos pesadísimos que nunca logras
terminar nada más que basura al amanecer
y frente a todo eso lo que no se detiene

el esplendor de la hierba la decrepitud
germinando la capacidad de humillación
un crecimiento constante pero condenado
de colores inútiles plantas
toneladas de miedo abandonando ese deseo
incontenible de cuerpos jóvenes







la niña albina


1

hay una habitación cerrada al entrar se nota el exceso de humedad una ráfaga de frío
dentro una niña albina anda de un lado para otro
sin parar sin parar
de vez en cuando posa sus manos sucias sobre las paredes blancas
parece no entender lo que sucede a su alrededor
hace muecas raras con la  boca como si la tuviera fracturada
el médico comenta no puede ver nada hace años que cree que camina por la taiga y sólo se alimenta de raíces y azúcar de diminutas canciones en una lengua
extraña se lleva la mano a la boca continuamente para asegurarse de que los dientes aún siguen ahí


2

quise llamar pero mi voz no sonaba
aquí entre los pulmones algo
se rompió
crujió apenas se quedó colgando dentro

el hielo se fundía el suelo estaba llenándose de 
charcos
tuve miedo pensé es demasiado tarde se habrán borrado las palabras
escritas en el vidrio
el último mensaje

supongo que caí
ya no más bolsas de oxígeno del aire cortante
la pluma dentro se habría desprendido

cuando el muchacho se abalanzó sobre la niña albina
todavía aquel gusto a azúcar en los labios
blancos




Su Xiaoxiao



miércoles, 3 de agosto de 2016

ÁNGELA SEGOVIA / POSESIONES DE LAPOV LACIÓN











carlos folgoso






















uno

ve hemos atado los calzones en perchas
y los hemos puesto a secar en las ventanas
hay botellas de malta de vino a medio beber
ve venir a daimon bajando de Lapov
die monster
allá en los cerros azulean los pájaros carnívoros
emprenden bolas de basural prendidas por las quebradas
los loquitos beben su (h/z)umo de botellas compartidas
marcan su zona con tendidos de luz
cruzan las cumbieras sus bailadas
esquivan puntos de electro-cocción
luego saltan más loquitos conocedores de la serialidad
saltan perros y unos gatos
y a veces pierden una pata en la quemada o un bigote
abajo las ruinas sacuden sus pintadas al sol
sale un abismo somos nosotros?
los edificios se llenan de noches daimon baja
pasito entre escalones tuerzos rojizo su dedo lunar
a meterse en nuestro sueño
a clavarse en los dormires
a imitarnos a la muerte



dos

desarmadurías junto a ristras ferroviarias
vulcanización entre volcanes blancos
carnicería equina la empeñosa el huaso
mercadería persa a la venta de óxidos
la risita neblinosa en el calmado colmado
pero tenía una sensación enorme de hacerlo
una querencia
(dice) hola recibo escombros
mas, no entrar perro bravo
en el cine abandonado pasan grietas
virgencitas del camino
abren casas desde el pueblo de San Rafael


tres

entonces vi detrás del monte vi
abrirse una bolsa inmensa rellena de mares
iba por el pasillo de la casa
oía las voces amigas almorzar en el cuarto
vi entonces descomponerse los ámbitos del espacio
se abrían en capas que se chocaban a mil
vi salir aguas marrones de los baños
y acordeme largamente de unas termas donde
dos niños saltaban de pila en pila
recortándose el pulmón del calor ácido
luego salí a mirar a la calle y buscaba a daimon llegar
cuando de lo de detrás del monte
veo elevarse una ampolla gigante de mar que
viene acercándose a gran velocidad
atiendo luego a lo que ocurre tras la casa
otro cerro de aguas prensa el cielo
es que somos nosotros?
quien atiende a las ampollas que aproximan
atina a pensar en dos cosas que serán las últimas de la povlación
una es en los amigos que almorzaban en el cuarto
y en su amor que pertenece a ellas
quiere gritar para avisarlos
pero ve el edificio derrumbado sobre sus almuerzos a medio comer
bajo el peso de las ampollas líquidas del cielo
la otra es en el chicle de su boca
es un costoso movimiento a través de
la solidificación y fusión de los ámbitos
pero esa es la vida, le parece
un chicle siendo arrancado de la mejilla por dos dedos helados
en el último hervor de Lapov
y viene bajando daimón por las riadas
viene saltando techados
viene aplastando la povla

cuatro

allí emergen pequeños cúmulos de filtros
rojizos por entre los recortes azules del
monte esta noche quemaron el auto
de la hija de un señor al que llaman
montaña lo dicen las trabajadoras a la
hora primera del tren van ya tres en
lo que extiende el año todo el mundo
había en la calle la explosión hería los
pelos del aire como pellizcos y una
vaca sola mira el ascenso del fuego
como se mira una premonición



cinco

a menudo hablan en idiomas extranjeros
y se ríen con los dientes
hay palabras de lejos
que vienen a encontrarme
y tengo que decirlas
aunque me hagan de llorar



seis

al principio me parecía que había uno en la casa
verás volví a quemarme los dedos
es acerca de los dibujos incrustados en la puerta de ese armario
hay una escena aristocrática y en un espejo
se ve al pintor reflejado y tiene cuernos y pezuñas
en el otro cuadro
una mujer mira su copa vacía
que es lo peor que te puede pasar en la vida
luego recuerdo lo de lo negro del suelo
y las visiones y lo del corazón y los brazos
no es que quiera que pienses que estoy loca
pero están esos demonios
están ahí ahí y por allí
y son peor que una ciencia
son lo mejor que tengo


siete// noche abierta

hay un nido de avispas cerca de mi ventana
se hacen llamar las chaquetas amarillas
te atacarán cuando menos lo esperes también cuando lo esperes
están compinchadas con los pájaros que asolan tu cerebro
y también con los zancudos están com
pinchadas con los incendios de Lapov
a siglos estelares de distancia
mientras se queman todas las casas
los maremotos no nos salvarán quedaremos
enterrados bajo kilos de fuego y de agua
bajo kilos de chaquetas amarillas de fuego y de agua
bajo kilos de pájaros incallables y de zancudos de fuego y de agua
las estelas sonoras de los coches también nos aplastarán
y los linchadores de la plata
por haber andado robando una hora de sol o una pena tan grande
que debía ser de todos
seremos un planeta hecho de todos esos trozos
bailando su torpe lloriqueo
en la noche abierta de hoyos del espacio




lunes, 1 de agosto de 2016

TRES POEMAS DE NOAH CICERO (TRADUCCIÓN DE JESÚS CARMONA ROBLES)






De La naturaleza documental, de Noah Cicero. Próximo a publicarse.




Preguntas que les hacemos a las personas que no quieren recibir esas preguntas

¿Cuándo me amarás de nuevo?
¿Por qué nunca me amaste?
¿Qué pasó con todos esos sentimientos?
¿No hay nada que pueda hacer?
¿Es con la decepción con que demuestras afecto?
¿Alguna vez me quisiste cerca de ti?
¿Por qué necesito escucharte decir “dilo”?
¿Por qué me golpeaste? ¿Era yo tu hijo?
¿Por qué me descuidaste? ¿Era yo tu hijo?

Hace 30.000 años los búfalos corrían por las praderas.
Un búfalo tropezó con el tronco de un árbol muerto.
Cayó duro, se rompió el tobillo. El búfalo miró a sus amigos.
Quiso alcanzarlos. Sonido de pezuñas, pero cayó muerto.

El búfalo, allí tirado, pregunta “¿por qué me dejaron atrás?
Pensé que les caía bien”

Una jauría de lobos llegó, lo masticaron. El búfalo
gritó en su agonía.






Perros felices

Es en la AWP de Los Ángeles, donde los escritores
de todos los Estados Unidos se reúnen.

Las personas terminan encontrándose.
Cada vez que él la mira, cada vez que ella lo mira.
Él se emborracha, ella fuma marihuana por
la sensibilidad del gen asiático hacia el alcohol.

Entonces ellos pueden abrazarse. El brazo de él,
envolviendo el pequeño cuerpo de ella. Caerán
en el sueño muy pronto.

Luego de que el niño deje a la niña,
(No sé por qué sigo llamándolos
niño y niña, ambos están en sus treintas,
son gente seria,
son más o menos famosos,
han estado en otros continentes,
han pagado un montón de cuentas,
incluso no han pagado algunas. Pero se siente bien,
a veces, sentirse de nuevo en la secundaria,
nervioso, todavía con miedo a los genitales.)

Él se subió al auto de su amigo,
fue al Sunset Blvd. Iban
por tacos de camarón.

Su amigo dijo, “¿Por qué no te casas con ella?”
El niño recordó a otras tres personas
que preguntaron:
“¿Por qué no te casas con ella?”

El niño en el asiento trasero respondió,
“Todo el mundo me dice que me case con ella.
Pienso que nadie le dice a ella que se case conmigo.”

El niño y la niña nunca se casaron.
Fue culpa de ambos.



Nunca dejaron que ocurriera. Tenían las mejores excusas.

Y a pesar de que ambos murieron solos en algún lugar
Del desierto estadounidense. (El desierto estadounidense
Es lo suficientemente grande como para mantenerlos lejos.)

Ambos tuvieron algunos perros durante su vida.
Los perros amaban la atención que les daban,
Los perros tuvieron una feliz vida, y murieron
Pacíficamente siendo abrazados
Por sus dueños.





Problemas de la paternidad

Le dijo a su amigo en un Starbucks,
“No sé. Quiero casarme
y procrear. Pero entiendo el posmodernismo,
pero cambiaría eso por una familia.”

El amigo rió.

El hombre continuó, “Pude casarme con Katie,
ahora ella está casada. Supe que no la amaba, porque
si ella se tiraba un pedo mientras dormía me daría
mucha vergüenza.”

El amigo respondió, “Bueno, tampoco olvides
la idea del carrito de bagels y de cómo ella
no iba a enjuagar los platos luego de enjabonarlos.”

Años después, el hombre encontró a una mujer. No se
tiraba tantos pedos, se tiraba pedos siempre en el momento idóneo
y sólo en situaciones apropiadas.
incluso enjuagaba los platos.

Se mudaron juntos. Tenían empleos estables.
Ambos estaban a la mitad de sus treintas, calculaban
que su hijo terminaría la universidad cuando ellos estuvieran a la mitad de sus cincuentas.
Y eso era algo adecuado. Esto orilló que la mujer dejara su plan anticonceptivo
y que el hombre tomara omega 3 en píldoras para incrementar su fertilidad.

Comenzaron a tener sexo, el hombre recordaba
todas las experiencias sexuales de su vida, cuando
perdió la virginidad en un sillón en un sótano.
Cuando tuvo sexo detrás de un bar con Sarah Espinoza,
cuando su compañera de trabajo le mordió los pezones y
dijo muchas mierdas muy raras. Él pensaba:
“Si me vengo, si disemino, esto acabará.
Me convertiré en papá. Un papá sexo.”

La mujer no pensó en su historial de relaciones sexuales.
Pensaba en que sus alumnos no
hacían la tarea, y que necesitaba un pene dentro de ella.


Justo antes de que el hombre se viniera,
susurró en el oído de su esposa,
“Con autenticidad y sinceridad,
diseminaré mis genes
en ti.”

Entonces eyaculó.

La mujer lo miró y dijo
“¿Te gusto?”