"UN DÍA SERÉ YO EL EL DEL RESPLANDOR EN LA CABEZA", MUESTRA. POESÍA DE LUIS CHAVES



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Del libro MONUMENTOS ECUESTRES (2011)


LA NIEVE, LA ELECTRICIDAD


La ropa tendida
y esas nubes.


Hay un perro nuevo,
me sigue a todas partes
aquí está debajo de la mesa,
cuando llueve con truenos
se clava al piso y no lo mueve nadie.

La casa está igual
menos la cocina,
la ampliamos botando la pared de atrás.
Ahora es más moderna,
tiene mostrador de granito
como en las revistas que mandaste,
cuando mandabas cosas.


Pusimos piedras blancas en el jardín,
hacen camino hasta la puerta.
Antes de llover
o cuando ya casi oscureció
entra el olor de la albahaca.
Eso tampoco ha cambiado,
todos los días
de todos los años,
esté quién esté,
ese aroma entra apenas
a la parte de la casa
que da al jardín
como siguiendo el camino de piedras.
Entra la albahaca
luego llueve
u oscurece.


Tenemos la misma tele
aunque parezca mentira.
Anoche, por cierto,
mientras pensaba en otra cosa
en un programa pasaban
la imagen de unas torres enormes
clavadas en campos verdes
para sacar electricidad del viento.
Todas en fila, formadas,
las hélices enormes y lentas
giraban a destiempo,
perdían la sincronización.


Entonces dejé la otra cosa
y pensé en eso
un buen rato:
cómo sería ir ahí,
el silencio mecánico talvez
al pie de una torre.
Luego me quedé dormida.


Afuera pasan las nubes
en formación,
las piedras del cielo parecen,
piedras rodantes.


Va a llover
y tengo ropa tendida.
Los truenos son el sonido
de la electricidad.
Te dejo esa frase de revista
mientras el perro tiembla,
atornillado al piso.


Puede ser tu lugar
donde están esas torres,
no entendí mucho
era el canal alemán o el francés,
a mí me suenan igual.
Unas praderas extensas,
parches verdes
de gramíneas diferentes
como corrientes de agua
o manchas de diesel
que se juntan
sin mezclarse.


Cómo será tu casa,
la ruta que lleva a la puerta,
la ropa secándose en un balcón.
En la tele veo programas de lugares y viajes
como el de anoche
o uno con gente rodeada de blanco
hundida hasta las rodillas.
Luego el mismo lugar sin gente,
sin otro sonido que el tic tac interno,
el que no viene del televisor.


Daban ganas de estar ahí.
La nieve en la tele,
detrás de la electricidad,
me pregunto cosas,
tu lugar, qué pensarás
antes de que llueva
o anochezca,
cosas así pienso
hasta que me duermo.


Me sigue el perro
pero se queda afuera,
al pie de la puerta.
No entra a este sueño
como de aspas gigantes
en cámara lenta,
la nieve al otro lado
de la electricidad.


Huele a albahaca,
es de noche
o va a llover.


Cuánto pesarán,
me pregunto,
sacando la mano
por el balcón de tu casa,
los copos,
los copos de nieve,
cuánto duran en la mano.


**


UNA BODA, UN DOMINGO, EL FIN DEL VERANO


A las 11 a.m., con los primeros en llegar, se descorchará la botella inaugural (a lo largo del día el arco democrático del vino cubrirá desde cosechas 2004 hasta cajas de tetrabrik). A las 11 p.m., ya en su casa, demasiado cerca del lunes, herido de gravedad por la bala lenta del alcohol, el último en haberse ido repasará, en diapositivas mentales, el primer domingo de marzo: el sol trazando su línea de 180 grados en cámara lenta; la multiplicación del pan y las reses; la montaña de zapatos revueltos en la entrada de la casa; la imagen de alguien, mitad del cuerpo dentro de la refri, buceando por cervezas; un guiso prodigioso preparado con ingredientes de una galaxia muy lejana; el recuerdo de los extensos y turbadores segundos en que sostuvo contacto visual con un perro; y el efecto dominó de la reproducción materializado en aquellas niñas que se bañan chingas en la piscina.


Del libro CHAN MARSHALL (2005)




TITULAR

La pregunta es:
¿seré tan estúpido
como la música que me gusta?
O la pregunta es:
¿qué se leerá en los titulares?
Un linaje que abandona los bosques
y desarrolla el cromosoma
de la inseguridad.

En el futuro está la mañana
en que te pasearás por el parque
y en la sombra del monumento ecuestre,
para mayor precisión,
en la sombra de la mano
sobre el adoquinado,
colocarás el tetrabrik vacío
como si el benemérito brindara
por vos, por ella, por la patria,
por la tribu de reductores de cabezas.

Pero todavía falta el paso del tiempo,
cubrir esa curva descendente
que el calendario traza
en números enteros,
y la música que escucho
aún no supera la inutilidad
de escribir en verso
lo que a todas luces es prosa.
Alguien tiene que decirlo:
más que literatura,
esto es deforestación.

**


HEREDADES NÚMERO DOS

La familia no fue
lo que planearon los abuelos.
Lo mismo le pasó a los vecinos.
Se nota en el orden de retirar
los platos de la mesa, en los diminutivos,
en la mancha de aceite en el garaje.
De los vecinos nos enseñaron no hablar.
De los abuelos viene leer la intención de las nubes,
el rencor de clase,
la propensión al cáncer gástrico.

**


EL PERRO DE LOS VECINOS

El perro de los vecinos mordió una vez al dueño. Lleva tres años encadenado al portón del garaje. Hoy volví de noche y vi ese bulto negro dormir con los ojos abiertos.

Venía de verte después de varios meses de incomunicación. Mentí cuando hablé de progreso, como antes mentía sobre la fidelidad. En la mesa contigua había más cervezas que personas y en la nuestra, cuando te inclinabas, me cegaba desde atrás un reflector.

Ahora pienso en la mirada hueca del que ya no es una mascota y en que no soy peor que mis vecinos.

Un día voy a liberar a ese perro. Un día seré yo el del resplandor en la cabeza.


**


TRADUCCIÓN LIBRE DE UN TEMA INÉDITO DE CHAN MARSHALL


i

Arrancaron la hiedra.
De raíz. No les fue fácil, sin embargo.
Emplearon podadoras,
palas y guantes para no lastimarse.
Esa hiedra que tardó años en cubrir
la pared al fondo del patio.
Aferrada al concreto, parecía resistirse.
Era su territorio.
Si hubiera podido hablar
no lo hubiera hecho,
habría gritado,
no hubiera perdido el tiempo
en hacerlos entrar en razón
porque el objetivo de esta mañana
era cortarla, ver la pared lisa, perpendicular.
La hiedra dejó marcas
como huellas de ave pequeña,
similares a las que dejan en la arena
los pájaros marinos.

Tenías dieciséis en esa foto,
atrás la hiedra crecía como un cáncer.
Sin simetría, con determinación.
Dieciséis y ya sabías
lo que las manos no alcanzaban,
lo que era tu nombre escrito en tinta china,
lo que era una canción repetida hasta dormir,
despertar con ella.
Sabías de esta ciudad de tullidos,
obesos y descompensados,
condenada a la pequeñez.
La hiedra nada sabía de eso
pero crecía detrás tuyo
en la misma foto
donde aún tenés dieciséis
y ya la pared está totalmente verde,
cubierta por la hiedra que no sabe
lo que nosotros sí.
Por eso pueden cortarla de raíz,
con esfuerzo pero con éxito.
Al sol le da lo mismo,
igual cae directo sobre la pared
donde no está tu sombra.
Ni la hiedra.


ii

La lluvia sobre tu nombre
escrito con tinta china, ¿recordás?
Empezó a correr sobre el papel,
sin simetría, con voluntad propia.
Como lo haría una hiedra en la pared
donde alguien hubiera podido tomar una foto
a la niña de dieciséis,
que ya no era niña,
obsesionada con la palabra deformidad,
dormida escuchando la misma canción
que ya es difícil precisar de dónde proviene
si de adentro o de afuera
yellow hair / you are such a funny bear
Y las cosas que crecían sin saber nada de esto.
Durmiera o no la niña, crecían, como el cáncer.
La hiedra también.
Entonces el nombre se convertía en otra cosa:
una mancha negra sobre papel,
como una enfermedad
o la idea que tenemos de la enfermedad.

La hiedra en cambio
no tiene ideas.
Si se enferma, muere.
La niña tiene ideas,
se enferma, muere.
Pero la hiedra estaba sana,
seguía creciendo,
empezaba a invadir la casa del vecino.
El vecino tullido que vive con su madre,
la madre obesa,
la familia descompensada
que tenemos de vecinos.
De todas formas, la cortaron de raíz
aunque estaba sana,
de un verde temperamental.
No porque tuviera ideas la planta
sino por cosas que explicaría mejor
un biólogo o un botánico
o tal vez la gorda de al lado
que vive hablando de su jardín,
del jardín y de la voluntad de un dios
que le envió un hijo tullido
como castigo tal vez,
por obesa,
por gorda,
por solterona,
por vecina,
por que sí.

Porque no hay razón para nada,
un día algo está sano,
la mañana siguiente lo arrancan de raíz.
Un día se tiene dieciséis
y la vida es una extensa playa en la tarde,
la arena tatuada con huellas de pájaros marinos.
Y ese momento dura lo que dura
una canción que se repite
hasta entrar en el sueño
mientras lo demás sigue creciendo,
dentro y fuera,
en silencio,
lejos de la simetría,
con determinación.





De HISTORIAS POLAROID (2000)


Fue la mejor pelea de Alí
o de Cassius Clay, como él lo llamaba,
negándose a aceptar
su recién adquirido nombre musulmán.

Ese negro levantaba los guantes
y convertía el cuadrilátero
en una pista de baile.
Años después comprendí
que ese fue mi encuentro inicial con la poesía.

Entre el quinto y sexto round
papá bajó su guardia por primera y última vez,
sin dejar de ver la tv. Dijo:
no me iba a casar con su máma
aunque usted ya había nacido,
estaba enamorado de otra.

En el álbum familiar
tengo un viejo fotoposter de Alí
justo cuando noqueaba a Foreman en Zaire.
Es mi foto preferida de mamá.



LA BAJITA DEL RINCÓN OSCURO


Mamá quería que yo fuera mujer
y que no lloviera nueve meses al año
y que papá la sacara a bailar de vez en cuando.
Pero era más probable amanecer un día con tetas
o un cambio anómalo del clima,
antes que don Luis la convidara un bolero.

Hace varios años que mi madre dejó de soñar,
hoy aguarda la vejez como un último trámite.
Esa mujer que muchas mañanas
lavó y secó los pies que más tarde
una sola vez bailaron con ella,
se sienta todos los días en las gradas de su casa
a mirar el baile victorioso de la lluvia.
Y para atender mis llamadas,
cada vez menos frecuentes,
ya ni siquiera puede levantarse
por el peso de tanta música muerta en sus piernas.

**


FLASH FORWARD


En un extremo de la casa
el niño aprende que la cera Genie
no sabe a lo que huele.

Al fondo del patio su hermano mayor
llena una botella con agua y flores
y la entierra, para que con los años
se transforme en perfume.

Vendrá después el invierno
más largo de la historia,
una vista aérea y nocturna de la ciudad.
También navidades, sepelios
y cicatrices que con lentitud de molusco
se pasearán por la piel.

El niño uno crecerá
para hablar un idioma
diferente al del niño dos.
Este último para descubrir
que las cosas no mejoran con el tiempo.




ESTEVES SIN METAFÍSICA


Comer tostadas de pie
es una postura poco favorecedora
de ideas trascendentes.

Aunque Zeus junte sus nubes
y llueva y truene
al otro lado de la ventana.

Uno quisiera
decir algo profundo
pero lo único que emite
son frases del tipo
“qué manera de llover”.

**






inéditos

LAS MUJERES DE LA CASA

Duermen las mujeres de la casa
y vengo a borrar.

Esto era más largo.
Contaba cosas
que no le importan a un poema

Decía Ari, Julia, Mariajo.
Ya no.

Sólo queda la luz del monitor
en un cuarto oscuro
y tres corazones latiendo
con la frecuencia lenta
de los sueños.


**


Un flotador semidesinflado
en la piscina:
la foto de unas vacaciones.
Treinta y ocho grados en casa ajena,
los cuatro durmiendo en la misma cama.

Ya fue.
Fast forward de
meses y, hoy,
de rodillas en la huerta
no hay mucho más para decir.

Un ventilador diminuto
al fondo del cerebro
como el ruido de la compu. 
Algo anda mal o bien o como sea,
lo cierto es que anda.

Flotan bichos en el agua clorada
atraídos por el flotador
que a medio aire
debería llamarse diferente.

Las vacaciones a crédito
y caridad. La familia,
un organismo
con desventaja en la selección natural.

Sabemos que la compu suena
sólo al apagarla.

¿Qué dice ese tubular de plástico,
el ruido incesante
en el punto ciego de la razón?


De mi lado heredaron
la nariz de la movilidad social.
De su madre, los ojos enormes:
esa parte del cuerpo
no biológica.

**

De la línea de aire para allá,
la bóveda de un verano sin piedad.
De la línea de aire para acá,
la casa de nieve en hexaedros
donde vive el cerebro o el corazón.

Tintinean los cubos de hielo
del lado de adentro de la sien

Los golpes finos
de unas pocas ideas
contra las paredes
de un recipiente de cristal.



Luis Chaves (San José, 1969). Poeta y traductor. Estudió Economía Agrícola en la Universidad de Costa Rica. Se ha dedicado a la traducción y colabora con distintos periodicos y revista. Fue miembro fundador y co-editor de la revista Los Amigos de lo Ajeno. En 1997 ganó el I Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz; en el 2001 obtuvo una mención en el Premio Internacional de Poesía del Festival de Medellín y en el 2004 ganó el III Premio Internacional de Poesía Fray Luis de León. Ha publicado seis poemarios: El anónimo (San José: Ediciones Guayacán, 1996); Los animales que imaginamos (San José: Ediciones Guayacán, 1997 y México: CONACULTA, 1998); Historias Polaroid (San José: Ediciones Perro Azul, 2000); Cumbia (versión preliminar de Chan Marshall, Buenos Aires: Eloísa Cartonera, 2003); Chan Marshall(Madrid: Visor Libros S. A., 2005) y Asfalto. Un road poem (San José: Ediciones Perro Azul, 2006); y la compilación Antología de la nueva poesía costarricense (Ecuador: Línea Imaginaria, 2001).