PATEANDO LAS HOJAS. DONALD HALL (TRADUCCIÓN DE KEISELIM A. MONTÁS)







1

Pateando las hojas, octubre, mientras caminamos juntos a casa
al regresar del juego, en Ann Arbor,
en un día color hollín, lluvia en el ambiente;
pateo las hojas de arce,
rojos de setenta variaciones de color, amarillo
como papel viejo; y hojas de álamo, frágiles y pálidas;
y hojas de olmo, banderas de una nefasta carrera.
Pateo las hojas, produciendo un sonido que recuerdo
según se levantan en remolino des mis botas,
y ondean; y recuerdo
octubres caminando a la escuela en Connecticut,
con mis bombachos de pana que crujían
con un sonido como el de las hojas; y un domingo comprando
un vaso de cidra en un puesto a la orilla
de una carretera enlodada en Hew Hampshire; y pateando las hojas,
otoño de 1955, en Massachusetts, sabiendo
que mi padre se moriría para cuando se hayan ido las hojas.

2

Cada otoño en Hew Hampshire, en la finca
donde creció mi madre, una niña en el campo,
mi abuelo y abuela
terminaban el trabajo del otoño, recogiendo los últimos vegetales
de los campos, enlatando, guardando raíces y manzanas
en el sótano bajo la cocina. Luego mi abuelo
rastrillaba las hojas hacia la casa
como última tarea del otoño.
Un noviembre manejé desde la universidad para visitarlos.
tiramos grandes rastrillos, como lo hacíamos recogiendo heno en verano,
empujando las hojas contra los cimientos de granito
alrededor de la casa, por todos los lados de la casa,
y luego, para que no se volaran, cortamos ramas de pícea
y las pusimos sobre las hojas,
verde sobre rojo, hasta que la casa
estuvo arropada, lista para la nieve
que congelaría las hojas pegaditas, como una falda rígida.
Luego, sin aliento, entramos por el portón del cobertizo,
quitándonos las botas y abrigos, frotándonos las manos,
y nos sentamos en la cocina, meciéndonos, y tomamos
café negó que mi abuela había hecho,
los tres sentados juntos, en silencio, noviembre gris.

3

Un sábado, siendo aún niño, antes de la guerra,
mi padre regresó a casa al mediodía de su medio día en la oficina
llevaba su suéter de Bates, negro sobre rojo,
con palos de hockey cruzados, y rastrilló a mi lado
en el patio, y revolcó hojas conmigo,
riendo, y me llevó cargado, riendo, con el pelo lleno de hojas,
a la ventana de la cocina
desde donde mi madre nos pudo ver, y sonrió y le hizo señas
de que me bajara, temerosa de que podría caer y hacerme daño.

4

Pateando las hojas hoy, mientras caminamos juntos a casa
al regresar del juego, entre la muchedumbre
con sus radiantes banderines, tantos y tan radiantes como hojas,
el pelo de mi hija es del color rojo-amarillo
de las hojas de abedul, y ella es alta cuan abedul,
creciendo, quince años, envejeciendo; y mi hijo,
llamativo como un arce, vente años,
de visita de la universidad, camina en frente nuestro, su paso
cuan resorte, impaciente por viajar
por los bosques de la tierra.  Ahora los observo
desde una pila de hojas al lado de esta casa de tablas de listón
en Ann Arbor, frente a la escuela
donde aprendieron a leer,
mientras sus figuras se achican en la distancia, diciendo adioses,
y sé que
disminuyo yo, no ellos, según voy primero
hacia las hojas,
tomado la forma en que seguirán ellos, octubres y años después.

5

Este año volvieron los poemas, cuando cayeron las hojas.
Pateando las hojas, escuché las hojas contar historias,
recordando y por ende mirando hacia adelante, y construyendo
la casa para morir.  Levanté la vista hacia los arces
y las encontré, las vocales de radiante deseo.
Pensé que se habían ido para siempre
mientras el ave cantaba Te amo, te amo
y movía su negra cabeza
de un lado a otro, y sus ojos rojos sin párpados,
a través de años de invierno, frío
como el sabor de malla de alambre, la música de bloque de concreto.

6

Pateando las hojas, descubro tapas de tumbas.
Mi abuelo murió a los setenta y siete, en marzo
cuando corría la sabia, y recuerdo a mi padre
hace veinte años,
muriéndose de tos a los cincuenta y dos en casa
en los suburbios. ¡Oh cuántas hojas
tiramos al aire! Cómo se revolcaban y ondeaban a nuestro alrededor,
como lentas cascadas de agua, cuando caminábamos juntos
en Hamden, antes de la guerra, cuando el estanque de Johnson
no se había rendido ante las casas, los dos
tomados de la mano, y en el aire húmedo el olor a hojas
quemadas:
en seis años cumpliré cincuenta y dos.

7

Ahora en otoño, salto y caigo
para sentir las hojas aplastarse bajo mi cuerpo, para sentir mi cuerpo
flotante en el océano de hojas, la noche de ellos,
noche atestada de muerte y hojas, meciéndose como el océano.
¡Oh esta deliciosa caída en brazos de las hojas,
en el suave regazo de las hojas!
Bocabajo, nado hacia las hojas, ligero,
respirando el acre olor de arce, zambulléndome
en largos deslizamientos hasta el fondo de octubre —
donde la finca yace acurrucada contra el invierno, y la sopa hierve
en bocanadas de cebolla y zanahoria
hacia húmedas cortinas y ventanas ; y más allá de las ventanas
veo los altos y desnudos trocos y ramas de arce, el roble
con las pocas hojas marrones que aún le quedan,
y las píceas, sujetando su verde.
Ahora salto y caigo, regocijado, recuperándome
de la muerte, a causa de la muerte, de acuerdo con la muerte,
el olor y el sabor de las hojas otra vez,
y el placer, el único largo placer, de tomar un lugar
en la historia de las hojas.

Donald Hall nació en Hamden, Connecticut, el 20 de septiembre de 1928.  Comenzó a escribir des la adolescencia y publicó su primer libro a la edad de dieciséis años.  En 1951 obtuvo una licenciatura en artes liberares por la Universidad de Harvard en Boston, y en 1953 otra licenciatura en letras por la Universidad de Oxford en Inglaterra.
Entre sus más recientes publicaciones se cuenta: White Apples and the Taste of Stone: Selected Poems 1946-2006 (Houghton Mifflin, 2006), sobre la cual el poeta Billy Collins dijo en un artículo del Washington Post que: "Hall, desde hace tiempo, ha sido colocado en la tradición Frostiana del poeta rural de discurso directo.  Su uso de simple y concreta dicción, de secuencias sensatas y de frases declarativas, le da a su poesía una constancia imbuida de un tono de sincera autoridad.  Es el tipo de simpleza que logra atrapar a los lectores desde los primeros versos".
Ha sido el poeta laureado del estado de New Hampshire, donde reside en la actualidad, y en el 2006 fue nombrado como el décimo catorce poeta laureado, consultor en el área de poesía, de la Biblioteca del Congreso de los EE. UU.