PENÚLTIMOS. 33 POETAS DE ARGENTINA (1965 - 1985) (Parte 1)
















Penúltimos
33 poetas de Argentina (1965- 1985)
Selección y prólogo: Ezequiel Zaidenwerg


  1.  Croquis de un país.

¿Dónde queda Argentina? ¿En las coordenadas que delinean el sur de los hemisferios o es un espacio definido por datos económicos y políticos: décadas de crisis y devaluaciones, movimientos de independencia, dictaduras, mitos democráticos y privatizaciones)?

¿Qué imágenes, objetos y ruidos la describen?
¿Es un país cuya definición mejor es la de frontera?
¿Pero qué es un país y su literatura?  
¿Es un paisaje de pampas, ciudades, recoletas y chacaritas?

¿Qué fotografía o escena surge después de leer las 380 páginas de Penúltimos? ¿Qué escriben en sus estrofas los 33 poetas sobre su patria y sobre sí mismos? ¿Escriben sobre esos asuntos?  ¿Logran dibujar un croquis con las rutas y los pasadizos para acceder y escapar de Argentina? ¿O consiguen piezas individuales que sobreviven fuera de las burbujas de los libros y de las antologías, de los recitales, de los premios y becas?

¿Penúltimos responde a las tradiciones múltiples – luminosas, opacas, vertiginosas, íntimas- de los escritores argentinos de los tres siglos recientes? ¿Forma parte de una soga que permite a la literatura latinoamericana asomarse y hundirse, contrastarse, romperse y agitarse? ¿Es una suerte de escalón y trampa de esos Últimos que siempre estarán por llegar y no llegan? Porque ¿qué se alcanza cuando se fija el futuro? ¿Pero qué será ese futuro de mercados libres y neoliberalismos tan feroces y certeros?
¿Qué preguntas y certezas hay en una pregunta?

Dejo en una orilla de mi mesa los retratos de algunos poetas que adoro y admiro (en su mayoría Antepenúltimos) para escuchar este coro de solistas.


  1.  “Entonces salí al pasillo para tirar la basura.”

Mi primer encuentro con Fabián Casas se lo debo a un malentendido. Luego de una discusión monumental, entré a una biblioteca de artes visuales. En la sección de revistas estaba Pauta (una publicación centrada en la música). En una de las páginas iniciales estaba el poema “Sin llaves y a oscuras”. Quedé noqueado. Lo leí y releí muchas veces. Era un gran hallazgo. Allí estaban las direcciones que yo buscaba sin saberlo: la contundencia, la concisión, la aparente desnudez en el lenguaje y en el tema. Era la reunión de lo conversacional y los mecanismos de ciertas retóricas abstractas. Luego conocí sus libros y otros poemas donde aprecié humor y amargura: “Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.”
Por un tiempo los versos de Casas se convirtieron en una especie de tubo que permitía me comunicara con esas partes mías que oculto o que he dejado encerradas en los closets de casas que dejaron de existir y donde ahora hay sótanos.


  1.  “E caddi come corpo morto cade”

Vignoli captura el sonido a madera de las palabras, el deslizarse por ese despeñadero que son los versos. Es lúcida. Aprieta y aferra lo inevitable de su lenguaje. Afila sus ángulos, su dicción.

(Inevitable no incurrir en breves y fáciles juicios cuando se trata de hablar de muchos autores. Este riego lo sortea, al evitarlo, Zaidenwerg en su prólogo.)

“Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,38
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.”


  1.  Ahora el cuerpo y sus enfermedades.

El dolor como consciencia. Rubio elabora sobre lo que menos conocimos durante nuestra vida: el cuerpo. Canta en habitaciones diminutas. Sortea y sopesa la vida que sucede a solas y con esos intervalos que nos proporcionan las visitas, ciertas músicas y el desgaste de los objetos
La densidad de las frases de Alejandro Rubio es la de la conversación y sus interrupciones (levantarse para cambiar el ceniciero, masticar un bocadillo):

“Padre, mis uñas
están rotas y mis pulmones resecos
del polvo de la amarga intemperie.”

  1. Magos y corbatas.

Carlos Ríos entre lo absurdo y lo real negocia su entrada al paraíso (1) La tensión entre el ritmo, la ironía y el desarrollo de los textos obliga al lector a seguirlo, a entrar en sus juegos de abismo y azar,  a dibujar  y resolver ese  crucigrama de signos (2) Líneas que son paradojas que son fragmentos que disparan a diversos francotiradores (3) Matices que apuntan a una substancia más compleja  y misteriosa que la unidad(4) Nosotros (5) Sí (6)


  1.  Monumento al traductor desconocido

Raimondi utiliza las estrategias de los folletos, de los manuales de construcción, de los ensayos de sociología, de los comentarios a un prestador de servicios. Aborda las líneas de lo que no es y no existe en la poesía para reafirmar su poética. Llena de ruido y deshechos sus versos. Utiliza los envases que están tirados en esos descampados que son las bibliotecas y las librerías de segunda mano. Aprovecha y recicla las frases que los traductores, los correctores de estilo y los editores desdeñan pero que no borran. Visibiliza discursos e informaciones chatarra para atacar y rediseñar su escritura.

“La empresa presupuestó la compra de doscientos guantes semanales para los doscientos embolsadores y sin duda no es lo mismo comprar doscientos que comprar mil. Por eso ahora cada lunes las manos de caucho se entregan con un sello interno y una reglamentación ha fijado la multa correspondiente a quien los abandone. Es decir: ahora los guantes poseen apellido y número de legajo pero no la herramienta que el operario como al descuido desliza en la bolsa de soda en perlas y que el vigilante deberá dar por perdida con consiguiente multa para él.


  1.  “De escribir en las grutas diatribas contra el regimen no se vive”.

“nuestra forma de gobierno
se da mediante un mecanismo de poleas,
cuando sube al poder un enano
baja un gigante, o viceversa.
Mi filosofía no ha ido más allá
de escribir insultos contra el régimen
en el interior de las grutas
que otros inmediatamente leerán como elogios”


Estos versos de Eduardo Ainbinder no tienen resonancia en la realidad mexicana. Aquí las poleas nunca han transportado gigantes y más que enanos, monstruos. En México es difícil hallar insultos a los gobernantes, burlas sí, risas y cartones humorísticos. La autocensura funciona mejor que la censura del estado. Vigilarse y castigarse. Aquí funciona el dicho: Quien se mueve no sale en la foto. Es decir quien se atreva a insultar está fuera del presupuesto, huérfano de las becas, de los premios y sobretodo del reconocimiento. Hace unas décadas los escritores e intelectuales eran por decreto revolucionarios institucionales, ahora su palabra favorita y orgánica es la democracia.


Parte 1 de 3.
Jorge Posada.