APOKRIF. PILINSZKY JÁNOS. VERSIÓN AL CASTELLANO Y NOTA DE BEATRIZ ESTRADA. VERSIÓN AL INGLÉS DE TED HUGHES Y JÁNOS CSOKITS














APOKRIF

1
Mert elhagyatnak akkor mindenek.

Külön kerül az egeké, s örökre
a világvégi esett földeké,
s megint külön a kutyaólak csöndje.
A levegőben menekvő madárhad.
És látni fogjuk a kelő napot,
mint tébolyult pupilla néma és
mint figyelő vadállat, oly nyugodt.

De virrasztván a számkivettetésben,
mert nem alhatom akkor éjszaka,
hányódom én, mint ezer levelével,
és szólok én, mint éjidőn a fa:

Ismeritek az évek vonulását,
az évekét a gyűrött földeken?
És értitek a mulandóság ráncát,
ismeritek törődött kézfejem?
És tudjátok nevét az árvaságnak?
És tudjátok, miféle fájdalom
tapossa itt az örökös sötétet
hasadt patákon, hártyás lábakon?
Az éjszakát, a hideget, a gödröt,
a rézsut forduló fegyencfejet,
ismeritek a dermedt vályukat,
a mélyvilági kínt ismeritek?

Feljött a nap. Vesszőnyi fák sötéten
a haragos ég infravörösében.

Így indulok. Szemközt a pusztulással
egy ember lépked hangtalan.
Nincs semmije, árnyéka van.
Meg botja van. Meg rabruhája van.

2

Ezért tanultam járni! Ezekért
a kései, keserü léptekért.

S majd este lesz, és rámkövül sarával
az éjszaka, s én húnyt pillák alatt
őrzöm tovább e vonulást, e lázas
fácskákat s ágacskáikat.
Levelenként a forró, kicsi erdőt.
Valamikor a paradicsom állt itt.
Félálomban újuló fájdalom:
hallani óriási fáit!
Haza akartam, hazajutni végül,
ahogy megjött ő is a Bibliában.
Irtóztató árnyam az udvaron.
Törődött csönd, öreg szülők a házban.
S már jönnek is, már hívnak is, szegények
már sírnak is, ölelnek botladozva.
Visszafogad az ősi rend.
Kikönyöklök a szeles csillagokra –

Csak most az egyszer szólhatnék veled,
kit úgy szerettem. Év az évre,
de nem lankadtam mondani,
mit kisgyerek sír deszkarésbe,
a már-már elfuló reményt,
hogy megjövök és megtalállak.
Torkomban lüktet közeled.
Riadt vagyok, mint egy vadállat.

Szavaidat, az emberi beszédet
én nem beszélem. Élnek madarak,
kik szívszakadva menekülnek mostan
az ég alatt, a tüzes ég alatt.
Izzó mezőbe tűzdelt árva lécek,
és mozdulatlan égő ketrecek.
Nem értem én az emberi beszédet,
és nem beszélem a te nyelvedet.
Hazátlanabb az én szavam a szónál!

Nincs is szavam.
 Iszonyu terhe
omlik alá a levegőn,
hangokat ad egy torony teste.

Sehol se vagy. Mily üres a világ.
Egy kerti szék, egy kinnfeledt nyugágy.
Éles kövek közt árnyékom csörömpöl.
Fáradt vagyok. Kimeredek a földből.

3

Látja Isten, hogy állok a napon.
Látja árnyam kövön és keritésen.
Lélekzet nélkül látja állani
árnyékomat a levegőtlen présben.

Akkorra én már mint a kő vagyok;
halott redő, ezer rovátka rajza,
egy jó tenyérnyi törmelék
akkorra már a teremtmények arca.

És könny helyett az arcokon a ráncok,
csorog alá, csorog az üres árok.

Pilinszky János

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APÓCRIFO 

1
Todo será abandonado entonces.      

El silencio de los cielos será separado y para siempre separados
los campos desechos del mundo en ruinas,
y separado el silencio de las jaulas de los perros.
En el aire una multitud de pájaros huyendo.
Y veremos el sol saliente
mudo como un párpado enloquecido
y calmado como una bestia vigilante.

Pero manteniendo la vigía en el destierro
porque esa noche no puedo dormir,
agitado como miles de hojas,
cuando la noche cae yo hablo como el árbol:

¿Conocen los años que pasan volando,
los años sobre los campos arrugados?
¿Conocen las arrugas de lo efímero,
comprenden mis carcomidas manos?
¿Conocen el nombre de la orfandad?
¿Y conocen qué dolor
aplasta la eterna oscuridad
con pezuñas partidas, con patas palmeadas?
¿Conocen la noche, el frío, el hueco,
la cabeza volteada y doblegada del preso,
conocen los abrevaderos helados,
la tortura del abismo?

El sol se postró. Ramas de árboles ennegreciéndose
en el infrarrojo del cielo iracundo.

Entonces me voy. Un hombre está caminando
en silencio frente a la destrucción.
No tiene más que su sombra.
Y un bastón. Y su atuendo de prisión.

2

¡Y para esto aprendí a caminar! Para estos
amargos y tardíos pasos.

El ocaso vendrá y la noche se petrificará
sobre mí con su lodo. Debajo de los párpados cerrados
sigo guardando esto que pasa volando,
estos arbolitos febriles y sus ramitas.
Hoja por hoja el pequeño y caluroso bosque.
Alguna vez el Paraíso estuvo aquí.
A punto del sueño el dolor se renueva:
¡Escuchar sus árboles gigantes!
Hogar, finalmente quería llegar a casa,
llegar como llegó él en la Biblia.
Mi horripilante sombra en el patio.
El silencio carcomido, padres envejecidos en la casa.
Y ya vienen, me están llamando, los pobres
ya están llorando, y  me abrazan tropezando.
El antiguo orden me recoge de nuevo.
Y pongo mis codos en las estrellas ventosas –

Si tan sólo pudiera hablar contigo por esta vez,
a quien tanto amé. Año tras año,
pero no me cansaba de repetir
lo que un niño llora en el espacio entre las hendiduras,
la casi desfallecida esperanza
de que regreso y te encuentro.
Tu cercanía me palpita en la garganta.
Y estoy agitado como una bestia salvaje. 

Yo no hablo tus palabras,
El habla humana. Viven pájaros
que ahora huyen  descorazonados bajo el cielo,
bajo el cielo encendido.
Tablas huérfanas clavadas en un campo ardiente,
y jaulas inamovibles en llamas.
Yo no entiendo el habla humana.
Y no hablo tu idioma.
¡Mi voz es más apátrida que la palabra!

No tengo palabra.
Su horrible carga
se precipita por el aire,
el cuerpo de una torre emite sonidos.

Estás en ningún lado. Qué vacío está el mundo.
Una silla de jardín y un camastro que se quedó afuera.
Entre las piedras afiladas mi sombra hace ruido.
Y estoy cansado. Y sobresalgo de la tierra.

3
Dios ve que estoy parado bajo el sol.
Él ve mi sombra en la piedra y en la cerca.
Él ve mi sombra parada en la prensa
sin aire, sin respiro.

Para entonces ya soy como la piedra;
un pliegue muerto, mil dibujos de ranuras,
un buen puñado de escombros
es para entonces el rostro de las creaturas.

Y en lugar de lágrimas, las arrugas en los rostros
chorrean, chorrean las fosas vacías.


Janos Pilinszky.
Versión al castellano: Beatriz Estrada.



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Apocrypha


1

Everything will be forsaken then.

The silence of the heavens will be set apart
and forever apart
the broken-down fields of the finished world,
and apart
the silence of dog-kennels.
In the air a fleeing host of birds.
And we shall see the rising sun
dumb as a demented eye-pupil
and calm as a watching beast.

But keeping vigil in banishment
because that night
I cannot sleep I toss
as the tree with its thousand leaves
and at dead of night I speak as the tree:

Do you know the drifting of the years
the years over the crumpled fields?
Do you understand the wrinkle
of transience? Do you comprehend
my care-gnarled hands? Do you know
the name of the orphanage? Do you know

what pain treads the unlifting darkness
with cleft hooves, with webbed feet?
The night, the cold, the pit. Do you know
the convict's head twisted askew?
Do you know the caked troughs, the tortures
of the abyss?

The sun rose. Sticks of trees blackening
the infra-red of the wrathful sky.
So I depart. Facing devastation
a man is walking, without a word.
He has nothing. He has his shadow.
And his stick. And his prison garb.

2

And this is why I learned to walk! For these
belated bitter steps.

Evening will come, and night will petrify
above me with its mud. Beneath closed eyelids
I do not cease to guard this procession
these fevered shrubs, their tiny twigs.
Leaf by leaf, the glowing little wood.
Once Paradise stood here.
In half-sleep, the renewal of pain:
to hear its gigantic trees.

Home - I wanted finally to get home -
to arrive as he in the Bible arrived.
My ghastly shadow in the courtyard.
Crushed silence, aged parents in the house.
And already they are coming, they are calling me,
my poor ones, and already crying,
and embracing me, stumbling -
the ancient order opens to readmit me.
I lean out on the windy stars.

If only for this once I could speak with you
whom I loved so much. Year after year
yet I never tired of saying over
what a small child sobs
into the gap between the palings,
the almost choking hope
that I come back and find you.
Your nearness throbs in my throat.
I am agitated as a wild beast.
I do not speak your words
the human speech. There are birds alive
who flee now heart-broken
under the sky, under the fiery sky.
Forlorn poles stuck in a glowing field,
and immovably burning cages.
I do not speak your language.
My voice is more homeless than the word!
I have no words.
           Its horrible burden
tumbles down through the air -
a tower's body emits sounds.
You are nowhere. How empty the world is.
A garden chair, and a deckchair left outside.
Among sharp stones my clangorous shadow.
I am tired. I jut out from the earth.

3

God sees that I stand in the sun.
He sees my shadow on stone and on fence.
He sees my shadow standing
without a breath in the airless press.

By then I am already like the stone;
a dead fold, a drawing of a thousand grooves,
a good handful of rubble
is by then the creature's face.

And instead of tears, the wrinkles on the faces
trickling, the empty ditch trickles down.

Janos Pilinszky.
Versión al inglés: Ted Hughes y János Csokits.


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“La poesía para mí no es algo que va más allá del lenguaje sino algo más cercano a él, un fenómeno debajo de él como la vida bajo la totalidad del universo. Para mí el poeta es un habitante de una casamata, un calabozo, para quien el sólo tacto es más importante que eso que toca y desea encontrarse con la totalidad del mundo cada vez más satisfecho con aquello que se quedó en el fondo del plato” Janos Pilinszky


János Pilinszky (Budapest 1921- 1981) Uno de los poeta húngaros más reconocidos del siglo XX cuya poesía está fuertemente influenciada por su fe católica y sus vivencias como prisionero en la Segunda Guerra Mundial.   

Conocí a Pilinszky en una clase de literatura de países del Visegrado que tomé en Hungría. Para mi sorpresa, fue el único poeta que leímos aunque ahí también conocí al entrañable poeta Miklós Radnóti. A esa clase, y en especial a Katalin Kallay, la profesora, le debo una nueva experiencia como traductora y los ojos con los que hoy recorro las calles de Budapest.  

Del húngaro sé lo indispensable para sobrevivir y evitar malos entendidos, sin embargo nunca me había detenido a analizar su construcción hasta que decidí traducir este poema. No me gusta la poesía religiosa, lo confieso, quizás por mis años de formación en escuelas católicas que, a fuerza de absurda y vacua repetición, pusieron en peligro mi libre albedrío, si en realidad existe tal cosa. Pero hay algo en este poema de Pilinszky que me reconcilia con esa experiencia metafísica de la religión y es que pone de manifiesto que toda fuerza creadora, para existir, requiere de una carga destructiva. El título del poema, "Apócrifo",  además de hacer referencia a  los textos fuera del canon, en este caso los textos bíblicos, deja entrever la falacia de dios como única fuerza creadora ya que en toda la experiencia del poema hay paralelamente una fuerza que va más allá del oficio divino, una fuerza que toca, transforma y destruye las partículas del lenguaje.

Ahora bien, toda la poesía es contenida, digamos en un sentido cósmico, por una serie de referencias y atribuciones de la lengua con la que fue escrita. El húngaro es un caso particular porque prueba la teoría aristotélica de la generación espontánea, nadie sabe a ciencia cierta cómo se originó. Su orfandad lingüística no sólo me parece conmovedora sino poética y hace aún más interesante el ejercicio de traducción. Es como si ese carácter de excepcionalidad e insularidad de la lengua acompañara cada palabra en su recorrido hasta extinguirse o la hiciera resonar en un eco que se resiste a hacerlo. El húngaro, como el turco y el finés, es una lengua aglutinante, lo que explica por qué la versión original es visualmente más reducida que las versiones en inglés y en español. Creo que en este poema es aún más significativa esta referencia porque hay un mundo que perece mientras el lenguaje hace una implosión regulada y contenida por las reglas de su propia existencia, por su mismo engranaje.

La primera vez que leí el poema fue en inglés, lo hice mientras escuchaba la versión original en voz de Pilinszky. Hubo algo que llamó mi atención, quizás fue la entonación (en húngaro la primera sílaba siempre se acentúa) lo que le daba cierto rigor matemático a los versos aunque el poema está repleto de rimas involuntarias en verso libre. Fue ahí donde la lengua puente me generaba una barrera, que decidí traducirlo del inglés con las revisiones del húngaro al español de mi amiga Nelli Kasza, a quien le agradezco infinitamente. Alguien me preguntó alguna vez por qué me había obsesionado con este poema y no supe contestarle con precisión. Hoy mientras escribía este pequeño texto recordé una plática que tuve con químico al explicarme qué era lo que analizaba en el laboratorio, para mí este poema “Es como las células que a la hora de nacer cargan con el tiempo de su propia muerte.” Es esta mi experiencia con la poesía húngara y es así como entiendo la obra de Pilinszky.



János Pilinszky (1921 – 1981).
          Beatriz Estrada (1985).
          Ted Hughes (1930 - 1998).
          János Csokits (1928 - 2011)