ESCRIBIR PARA NADIE. POR DANIEL FREIDEMBERG



I - Escribir para nadie: la frase no es nueva pero, aunque tampoco es nuevo, sí es especialmente interesante el modo en que se abre paso en este momento en la mente, como prometiendo una posibilidad. “Escribir para nadie –me digo, tratando de que la idea no se escape– es casi exactamente lo mismo que escribir para todos”. De hecho, no hay otra manera de escribir para todos, en tanto “escribir para nadie” supone una infinita disponibilidad en los textos y en las lecturas, una confianza a priori y sin fundamento en las capacidades del otro, de los otros, quizá de la especie, o de lo que la especie podría ser, o de lo que la especie es sin saberlo o sin atreverse. Concretamente, lo que se deja librado en el espacio textual sin destinatario pertenece, al no estar dirigido a nadie, a cualquiera, que cualquiera haga lo que quiera o pueda con eso.

II –  “Nadie” puede ser “todos” porque implica liberarse de una relación puntual, de una demanda o una serie de demandas más o menos reconocibles, de una expectativa o una serie de expectativas más o menos reconocibles, y entonces el texto se vuelve algo así como de dominio público. Siempre un texto es de dominio público: de lo que se trata es de asumirlo, de no esperar nada, que es lo mismo que esperar cualquier cosa. Independizar al máximo la escritura de un texto de lo que se pueda esperar de él.

III – “Escribir para nadie es escribir para Dios o para la eternidad”, anoto, para entender mejor de qué estoy hablando, pero de lo que tal vez esté hablando es de escribir sin esperar el amparo de una respuesta, un guiño favorable o un rechazo. O más bien esperándolos, todos los guiños y rechazos posibles, y poniendo todo lo que se pueda la mente en la posibilidad de que al fin y al cabo dé lo mismo que vengan o no, ahora y acá al menos. Ese momento en el que van a llegar, si vienen, es otra instancia.

IV – Nada del otro lado, nada, que se convierte inmediatamente en “todo”. Náusea o vértigo difícil de soportar en un principio y en la que uno entrevé latente una tranquilidad profunda. No tranquilidad ante la escritura o ante uno mismo, sino respecto de qué va a ocurrir con lo que uno escribió, cómo se leerá, qué efecto producirá. Y sobre todo de qué van a decir o hacer los fantasmas que uno encarna en los otros y que rara vez encajan con lo que son, hasta donde puede saberse, los otros. No importa ya si lo son, al menos ahora y acá. Cambiar un tipo de incertidumbre por otro, mucho más interesante, al menos porque hace más viable el acto de escribir. Escribir para que eso escrito sea, esté.

V – Escribir para nadie quiere decir que en realidad no sé ni sabré nunca quién es el otro, y que por lo tanto sólo me queda esperar, contra toda evidencia, que el otro, ese otro, ese que al leer va a hacer que se concrete lo puesto en la letra, es idéntico a lo mejor que el que soy cuando escribo puede esperar de él.

VI – Ya sé que es imposible escribir para nadie. Sabiéndolo, escribir para nadie.

VII – No confundir la escritura con la sociabilidad. No confundir la escritura con las asignaturas pendientes o las cuentas a cobrar. No confundir el cuerpo de la escritura con la cara y/o el cuerpo de uno. Ser, sí, interrogado por la escritura, responder ante ella. No por lo que vaya a decir de uno a los otros, sino por lo que se permite decir a través de uno, cuando de verdad uno consigue apartarse para permitirle que diga.

VIII – La escritura es sociabilidad. La escritura es negocio, es sexo, es amor, es guerra, es narcisismo, es competencia, es política, es deporte, es publicidad, es revancha. Encontrar ese momento en que deja de serlo, en que todo eso que es queda en suspenso, para que la escritura sea. Después, que venga lo que venga, uno no es un santo ni un extraterrestre, y que lo que venga, si ocurre y si quiere, se coteje con lo que la escritura produjo. Si va a poder hacerlo es porque la escritura está, se hizo.

IX – Después de la escritura que venga lo que venga, lo que ella arrastre o concite o convoque o produzca: política, negocio, amor, ocasiones para que se mida la autoestima, luchas por el podercito o el poderazo. Y antes también: no hay escritura que nazca de nada, no hay escritura que no contenga un deseo de otra cosa, que no trabaje la irresolución de una búsqueda de otro tipo. Esa es su carga, esa es su matriz, es en parte su materia y por ahí también se dan muchos de sus efectos, sus reverberaciones, buena parte del campo donde se pone a prueba, pero no es su razón de ser, o no debería serlo. No al menos ahora, no en este momento, no si me va a andar obligando a calcular las consecuencias, medir las posibilidades, tener en cuenta la mayor o menor conveniencia, poner en un segundo o tercer plano, entre las voces que a uno le llegan, la de la escritura que vaya uno a saber por qué pide concretarse por intermedio de uno.

X – “Escribir para nadie”, escribo, y el trabajo a través del cual trato de desplegar por escrito esa idea, de explicarla y explicármela, este trabajo, es en muchos aspectos lo contrario de lo que llamo “escribir para nadie”.