LAS INQUIETUDES DE GOLDSMITH. SEBASTIÁN JATZ RAWICZ


Conocí a Kenneth Goldsmith cuando en mis últimos años de colegio navegaba la desconocida Internet buscando algo sobre Beckett. Di entonces con un sitio llamado Ubuweb, un archivo de imágenes y textos de distintos artistas de vanguardia. Su contenido, junto con la referencia a Jarry, hizo que se volviera un sitio inolvidable y de visita frecuente: cada tantos meses me sorprendía con las nuevas entradas y su velocidad de crecimiento, y durante los próximos años compartí con amistades lo que me parecía ser un lugar imprescindible para alguien interesado en el arte del siglo XX. Hoy, casi veinte años después, el archivo es el mayor recopilatorio de vanguardias artísticas en Internet, incluyendo videos, audios, textos e imágenes, creciendo a un ritmo constante que a la larga ha ido ampliando el mismo alcance de las ideas en torno a la vanguardia. Kenneth Goldsmith era un escultor que trabajaba con textos, y en un viaje a Florida en 1989, a instalar una de sus obras, conoce un archivo de poesía concreta —forma que desconocía—; desde entonces empieza a recolectar libros de esa índole, los que eran poco populares y muy baratos en esa época, volcando progresivamente su trabajo hacia la escritura. Cuando conoce Internet en 1995 comienza a escanear y subir estos materiales, completamente gratuitos, debiendo lidiar en repetidas ocasiones con abogados, amparándose en su método sin fines de lucro de compartir un texto no disponible al público. En el sitio no hay pinturas de Dalí pero sí están los comerciales que realizó para un banco. Tampoco hay obras famosas de Demian Hirst, pero sí un video que hizo sobre Beckett cuando era joven y pobre. Ubuweb es un continuo campo minado de rarezas. Paralelamente, Goldsmith comenzó a publicar libros bajo la premisa de que el modernismo y el postmodernismo han acabado y que hoy el paradigma literario es dictado por las nuevas tecnologías, por ejemplo, en el sentido de que los escritores no necesitan escribir nada nuevo: sólo deben administrar el lenguaje ya existente. Así sucede con su monumental Day (2003), donde escribió de nuevo toda una edición del New York Times, incluyendo los textos de anuncios, de principio a fin, en 900 páginas. Goldsmith en realidad no espera que nadie lea Day o su trilogía americana Weather (2005), Traffic (2007) y Sports (2008) —transcripciones de informes radiales del tiempo, un ciclo de tráfico de veinticuatro horas y la emisión de radio de un largo y aburrido partido de los Yankees, anuncios incluidos. No se pueden leer estos libros. Él no puede leerlos. Dice que son absolutamente imposibles. Él quiere que pensemos en ellos pues están hechos de aquellas cosas en las que no pensamos y que cuando lo hacemos éstas resultan ser sumamente profundas. Producto de este trabajo ha dictado por años su clase de “escritura no creativa” en la Universidad de Pennsylvania, donde los alumnos se dedican a transcribir, plagiar, copiar y apropiarse de todo en nombre de la escritura, porque transcribir a Kerouac de principio a fin puede enseñar mucho más sobre Kerouac que pretender escribir en su estilo. Algo cercano al conocido ejercicio de apreciación de John Cage publicado en su libro Silence: Si algo te aburre al cabo de dos minutos, pruébalo durante cuatro. Si aún te aburre, entonces prueba durante ocho. Durante dieciséis.
Durante treinta y dos. De repente uno descubre que no es nada aburrido. El 16 de junio de 1997 Goldsmith emprende un nuevo experimento literario. Se encierra en su departamento, desconecta teléfono y computador, y le pide a sus amigos que no vayan a visitarlo. Se adhiere con cinta una grabadora al pecho y desde que despierta hasta que se va a dormir se propone dictarse a sí mismo todos los movimientos realizados por su cuerpo. Considérese en qué consiste esto: durante 13 horas, solamente se observará atentamente a sí mismo, intentando traspasar al lenguaje cada uno de sus movimientos y solamente sus movimientos. El lenguaje entra en la paradoja de querer ser empírico: acciones sin evaluación o interpretación, incluso escritas sin artículos, como una especie de partiturareceta-guión que finalmente termina hablando más sobre él y sus decisiones literarias que sobre su cuerpo. El lenguaje deberá alcanzar a nombrar algo que es mucho más veloz y quizás variado que él mismo y a lo largo del día estas restricciones se verán comprometidas, las palabras y las acciones dando cuenta de ello. Goldsmith elige este día del año en particular por ser el día en que transcurre la novela Ulises de James Joyce, haciendo su propia versión del viaje mítico del héroe en una jornada. La acción que engendra el texto, entendida como un ejercicio de disciplina o una performance duracional, se emparenta también con una obra como Vexations de Erik Satie, de 1893, una pieza para piano cuya realización consiste en 840 repeticiones de un tema con acordes de 2 minutos, resultando en 28 horas continuas de música. No es sorpresa que Goldsmith haya realizado dicha partitura el año 2006, eso sí como Pianoless Vexations, con intérpretes de diferentes instrumentos salvo el piano. Hoy Goldsmith ha leído su poesía en la Casa Blanca, ha sido invitado de Stephen Colbert y lo han nombrado el primer poeta laureado del MOMA de Nueva York. Sin embargo, sus libros no se encuentran disponibles en español. Hace cuatro años, intentando revertir esta situación, una noche de año nuevo encontré su correo en la red y le escribí. A los pocos minutos recibí su entusiasta respuesta con los datos de su editora. Desde entonces fue una larga tarea encontrar la editorial indicada, hasta hace unos pocos meses, cuando conocí a los editores de este libro.


Pronto algunos fragmentos de "Inquietud" publicado por Das Kapital.