VALERIA TENTONI: TIGRES DEL TAMAÑO DEL ODIO






















Como una planta a la que no alcanza la luz
se me secan las hojas, se me curvan hacia arriba
botes enfermizos
resbalan el agua, no se la quedan
no se la pueden quedar
todo pasa y es ridículo, estoy seca, seca
y el agua pasa como si no hiciera falta quedarse
se infiltra,

la gravedad la recupera
hacia abajo

mi tierra polvorienta no quiere
humedad, no puede

a la tardecita un poco de la luz
de costado
un rayo cosita de nada
acaricia las últimas hojas
como dejando dicho algo
que no entiendo
algo
que no me puedo quedar
y se me gotea.








Tus manos son dos ciruelas que se pudren camino a las mías
y no hay nada que hacer.









A veces cuando salgo a sacar la basura
cuando hundo la basura en la bolsa en el tacho
y me mancho las manos y estoy sucia y hago el nudo
de plástico y estoy sucia y la basura queda dentro de la bolsa
atrapada con el nudo y la bolsa, fuera del tacho
y todo es pegajoso y repugnante y yo
hago el nudo y levanto la bolsa
y cruzo el comedor y paso por el living y tengo
la bolsa en una mano, y siento la mano sucia
pegajosa
y con la otra corro la traba de metal y abro
aprieto hacia abajo la manija de la puerta y de repente
estoy afuera
y el frío que estaba afuera ahora está conmigo
y desde atrás me empuja el calor
de casa, del living, del comedor, de la cocina
del horno
de la tarta que preparé en el horno
de la llama que resiste dentro del horno
del gas que viene ¡de dónde será que viene tanto gas
para tanto calor! Un calor
que me empuja al frío
afuera
y ahora que estoy cruzando la vereda
mi vereda
aunque la vereda es un espacio público
pero de cuidado privado
sin saber
si son tierras que me pertenecen
si algo, a fin de cuentas, me pertenece
no el calor, no el frío
eso seguro,
no la bolsa de basura que acerco
hasta el borde de la vereda
de esa tierra indecisa
de nadie y de todos y mía
ahora que la bolsa es una cosa abandonada
con un destino probable
si es que zafa de los perros
ahora que zafó de mí
y hasta que llegue el basurero
y la levante, la tome
como un trofeo nocturno, brillante plástico negro lustroso patín
la tome no para quedársela
nomás para que siga su curso
la rescate, de algún modo, condenándola
a las mandíbulas de ese camión
ay yo quisiera tirarme
junto a la bolsa de basura
que dejo de noche en la vereda
mientras la tarta se me quema
¡ay yo quisiera, tanto tanto quisiera
tirarme junto a la bolsa
sucia
como yo
pegajosa
como yo
repugnante, como yo!
Quisiera tirarme ahí
de costado
erecta en esa pequeña muerte
quisiera
tirame ahí disimuladamente y que el basurero
me levante por mi pelo lustroso brillante patín
como a una troyana
y me tire
y me triture por fin
su camión
con el resto de la mugre.







Valeria Tentoni (1985).
Del libro Tigres del tamaño del odio (Inédito, en proceso).




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