LO, PARCIALMENTE, HASTA ENTONCES DICHO: ANTOLOGÍA. IGNACIO URANGA














Embrutecí de ti.

En Uranga se perciben las marejadas del ritmo. La asfixia. El desencuentro que provoca la recuperación de la memoria. Rizomas de aire. Respiración. El asma. La metástasis del lenguaje y del cuerpo. ¿Gelman y su rebalse, su desobediencia a la propia dicción, a sus hallazgos de interrupciones, a su resolverse dentro de lo fonético? Antes se asoman Catulo y Propercio y los cultores de esas bocanadas del alejandrino y del hexámetro de las lenguas romances. En Uranga hay una voluntad de profusión, de incorporar a su voz una jauría de sonidos y referencias.


CCLXXX

junio 23,  9 pm, escribí unos versos que decían:
«boeing B-29, nombrado Enola Gay, en honor
a Enola Gay Tibbets, madre del piloto, porque
soltó el 6 de agosto Paul Tibbets del´45 el
“Little boy” (pequeño niño) con las siglas
USAAF (Fuerzas Aéreas del Ejército de USA)
escritas en el niño, sobre Hiroshima, 8:25 am»
y aunque dibujara el hongo sobre el que alguien
habló hace dos noches, no cabe acá de ningún modo
pero el boeing hoy se expone en Centro Steven F.
Udvar- Hazy, del Smithsoniano, en Washington D. C


¿Qué hay dentro de los versos de Uranga? ¿En los espacios que se tienden y obligan al lector al resuello, a preguntarse dónde acaban de vibrar las líneas? ¿Es un poeta de significados? ¿Un poeta que se busca en sus cuestionamientos y contradicciones? ¿Un poeta que resuena para aferrarse a lo que fue y sin embargo aparece en los objetos que lo rodean y sin embargo le pertenecen a otros?


luces del tráfico en la baja madrugada
exceso de alcohol, en la sangre, la tuya
Clara, en tono bermejo el ropaje: coral
de arrecife tu cada globo ocular, doble rojo
fuego y exoftalmos, de odio, sí, y cocaína


Hay en Uranga una vocación por la longitud larga de los instrumentos del castellano. Es un explorador de las intemperies de ese criadero de nervios que llamamos idioma. Uranga es un buscador (¿un buscón?) que lleva entre sus trebejos una estampa de il miglior fabbro, la garganta de los cronistas, los pulmones de altura de los montañeros del sur del Continente. En Uranga hay un gozo difícil de la poesía, un traspase a la ternura de lo que se extravía y nunca nos pertenece.


al resplandor de su niñez / la su niñez intacta, pues:
está el mundo envenenado / el mundo en venenos, sí
y él pone sin embargo / a la mitad del mundo un árbol
a la mitad del mundo un mundo/ entre venenos su árbol
pone al mundo un árbol que hace sol / dase a la tarea de
lleno de hojas, hacer al sol / incluso entre venenos su
lleno de hojas árbol hace al sol/ juega su niñez al sol
cada día brilla al resplandor de su niñez el árbol/ ante
el mundo envenenado / de hojas lleno incansable el sol:
un pájaro azul de vuelo en alza / horizontal / tal un cerrado
horizonte es pájaro azul lo lejos / el horizonte azul de pá-
jaro volando el mundo entre venenos / pero he aquí, pues
un árbol / el árbol puesto a crecer el sol / juega al sol
la su niñez aún / lleno de hojas danos hoy el sol y siempre
el nuestro siempre tuyo sol de cada día / en tu niñez al sol:
hace el árbol sol a tu niñez / es pájaro azul el horizonte
el mundo en su venenos y / sin embargo / tu sol a diario


Uranga es un alguien que se sumerge en lo imposible de la dicción, en las zonas que son extrañas al castellano pero que en su obra se vislumbran y se rozan con el tacto tenaz de los versos. Un alguien que enfrenta y tropieza con la temporalidad y sus aliados: la muerte, las tachaduras. Uno que golpea su propio lenguaje, su propia ansiedad de escritura. Uno que toca la superficie de sus desencuentros. Uno que incorpora a su cuerpo el detritus y los discursos de la Historia, las fotografías de las represiones y de los represores, las crónicas familiares, lo íntimo de sus días, los tics de la publicidad.
Uranga podría los versos de Rojas dedicados a la Poesía: “ –a lo largo de tu espinazo- embrutecí/ de ti, por / demasiada arpa, por / viciosilla arcangélica aleteante / la nariz, por pájara / afro y a la vez exenta por/ motora a diez mil, por / oxígena de mi oxígeno me / embrutecí de ti”. Y después sentarse a escribir desde su insomnio de años, desde su precocidad y su firmeza. Desde su necedad imprescindible de ritmo y expansión.
Uranga escribe serio y esquizo. Fuerte en su amplitud de dudas. Flexible en su integridad laberíntica de sonoridades y encabalgamientos. Escribe aun cuando sabe que con sus versos no ganará plata, no entrará al cine gratis, no le darán ropa ni conseguirá tabaco o vino por ellos. Porque desde el umbral, Uranga advierte en unas líneas que se han convertido en un talismán que “de las palabras no se vuelve”.


Jorge Posada













Ignacio Uranga (1982).
lo, parcialmente, hasta entonces dicho: antología  
Aguadulce & Trabalis, Puerto Rico, 2015.