WILLIAM CARLOS WILLIAMS. PATERSON*. TRAD. HUGO GARCÍA MANRIQUEZ


bragaglia


PATERSON, LIBRO (V), 1958



A la memoria de Hugo Gola




Paterson ha envejecido

el perro de sus pensamientos se ha encogido
hasta no ser más que “una carta apasionada” para una mujer, una mujer a la que olvidó llevar a la cama en el pasado     .
Y siguió

viviendo y escribiendo

cartas


respondiendo

y cuidando su jardín
de flores, cortando el pasto y esforzándose para que los jóvenes
evitaran errores al usar aquellas palabras que
él encontró tan difíciles, aquellos errores que él cometió al usar la
línea poética:



       .       el unicornio ante un fondo de mil flores       .      

Nada hay de sentimental en torno a la técnica de escritura. Un tonto no la puede aprenderme dirás. Pero a cualquier joven con una mente ansiosa por poner sobre una página al menouna sola oración clara le da valor un viejo dispuesto a ayudarle y con el cual hablar.



Vuelo de aves que al unísono buscan sus nidos de temporada
una parvada antes del alba, pajarillos “That slepen al the night with open yë” movidos por el deseo, apasionados, venidos desde lejos, casi siempre.
Ya se separan, en parejas
cada cual con su compañero. Los colores del plumaje son indescifrables por el destello del sol en el cielo
pero la mente del viejo se agita por el blanco, el amarillo el negro como si pudiera verlos.

De nuevo, su presencia en el aire lo calma. Aunque se acerca
a la muerte está poseído por muchos poemas. Las flores han sido siempre sus amigas
incluso en pinturas y tapices
que han ido quedándose en el pasado
en museos, guardados con celo, protegidos contra las polillas. Lo llevan con arrebato
a contemplarlas, le hacen pensar
en horarios de camiones y en cómo evitar lo irreverente —para refrescarse ante la visión del siglo xii
en el que las ancianas o jóvenes
u hombres o niños blanden sus agujas para poner correctamente el hilo verde junto al púrpura, el mirto junto al
acebo y los hilos color marrón a un lado:
juntos, tal como el boceto lo
indica. Todos juntos, trabajando juntos—
todos los pájaros juntos. Pájaros y hojas trazados para ser tejidos

en su mente comiendo y     .      .
todos juntos como él se lo ha propuesto

el cuerpo envejecido
con la uña del dedo pulgar deformada se anuncia
viene
a buscarme —con una extraña sonrisa
entre las flores agolpadas en ese campo donde el Unicornio
ha sido encerrado tras una pequeña

cerca de madera
¡en abril!

al pie del poste

el mismo mes en que,

vio a aquel hombre sacar
la serpiente roja y matarla con una pala.
Godwin me dijo
que su cola no dejaría de agitarse hasta
que el sol

él lo sabía todo

se metiera—

o lo ignoraba todo
y murió loco
siendo aún joven

La (auto) dirección ha cambiado la serpiente
su cola en la boca
el río ha vuelto a sus orígenes”
para atrás
(para adelante)
se tuerce dentro de mí

hasta que al final el tiempo sea arrastrado por la corriente y “yo lo supe todo (o lo suficiente)
se convirtió en mí     .      ”

los tiempos no son heroicos desde entonces
pero son más limpios
y más libres de enfermedad la mente se pudría en ellos                                      .
diremos
la serpiente tiene la cola en la boca
¡OTR A VEZ!
la sabia serpiente

Llego ahora a las florecillas reunidas entorno a los pies
de mi amada
la caza del
Unicornio y
el dios del amor nacido de la virgen

La mente es el demonio nos dirige   .                    bien,
¿preferirías que se volviera vegetal y que

no usara barba?

¿hablaremos del amor
visto sólo en un espejo
sin réplica?
¿reflejando sólo su espíritu impalpable?
¿quién es esa a la que veo y cuya carne no toco?

El Unicornio ronda el bosque de la mente de todos los amantes verdaderos. Ellos le dan caza. ¡Guau guau! ¡canten, viva el verde acebo!

todo hombre casado lleva en su cabeza la imagen amada y sacra
de una virgen a la que ha prostituido                                       .
pero la ficción real un tapiz
seda y lana enhebrada con hilos plateados
bestia de un cuerno, bestia blanca como la leche
Yo, Paterson, el Rey mismo    .
vi a la dama
entre el bosque agreste
afuera de los muros del palacio entre el hedor de los caballos sudorosos
y los sabuesos cornados aullando de dolor
la jauría jadeando pesadamente para ver a la bestia muerta
ser traída finalmente al través del arco de la montura
entre los robles.


bragaglia



Paterson,
mantente alerta
¡ante cualquier detalle!
Cualquier lugar es todo lugar: Puedes aprender de los poemas
que cuando golpeas una cabeza vacía sonará hueco
¡en cualquier idioma! Las figuras son de talla heroica.
El bosque está frío aunque es verano

el vestido de la dama es pesado
y se arrastra sobre el pasto.

Por doquier, florecillas inundan la escena.
Una segunda bestia es traída herida.
Y una tercera, que sobrevivió la persecución, se echa a descansar un momento
su cuello real firme con un collar de joyas.
Un sabueso yace sobre su espalda destripado
por el único cuerno de la bestia.
Tómalo o déjalo,
si el sombrero te queda—
póntelo. Las florecillas
parecen congregarse para entrar al acto:
la juliana blanca, con su tallo ramificado, cuatro pétalos
uno cerca del otro
para completar el detalle de marco a marco sin perspectiva
se tocan sobre el lienzo completan la pintura:
la caprichosa violeta
como caballo de ajedrez el pentafolio
de rostro amarillo—
es francés
o flamenco este tapiz—
la prímula de aroma dulce
que crece a ras de tierra, esa que los poetas han hecho famosa en Inglaterra,
no puedo decirlo todo:
flores escarpinadas

blancas y carmesí,
balanceadas cuelgan
sobre brácteas delgadas, cálices uniformes sobre un tallo, dedalera, la eglantina
o rosa silvestre rosada como el lóbulo de una dama
asomando bajo su pelo,
campanilla, ramilletes azul y púrpura, pequeños como el nomeolvides entre las hojas.
Centros amarillos, pétalos carmesí
y el reverso, diente de león, arañuela,
acianos,
cardo y otras
cuyos nombres y aromas no conozco.
El bosque está repleto de acebo
(ya te lo he dicho, esto es ficción, pon atención),
la bandera amarilla de los campos franceses está aquí
y multitud de otras flores
también: narcisos
y genciana, la margarita, pétalos de aguileña
mirto, oscuro y claro y caléndulas.

La acacia en la brisa de la mañana afuera de su ventana
donde se mece una rama

apacible

 ondula

 arriba y luego a un lado

atrás y adelante
me recuerda tan sólo
a la sonrisa de una anciana

un fragmento del tapiz
preservado sobre la pared al fondo muestra a una joven
de cejas arqueadas perdida en el bosque   (o escondida)
anunciada     .      .
(es decir, la presentación)
el sonido del cuerno de un cazador
que se ha escondido casi por completo entre las hojas. Ella
me interesa por su singularidad, su vestido cortesano
entre las hojas, ¡escuchando!

La expresión en su rostro,
desde donde está, alejada de los otros
la virgen y la puta, una identidad,
ambas a la venta
¡al mayor postor!
¿y quién apuesta más
que un amante? Sal de ahí si te dices mujer.

Te doy en cambio a un joven
que comparte el mundo femenino
en su desprecio por el Infierno, con gracia
hubo alguna vez     . una vez:

¡Cra!     ¡Cra!     ¡Cra!
¡graznan los cuervos!

¡En febrero! en febrero empiezan. Ella no quería vivir hasta
ser una anciana y usar una perilla de porcelana en su vagina para sostener la matriz, —pero
 llegó hasta eso, hábil, ¿qué?
Él fue el primero en descubrirla
 y nunca la dejó hasta que la dejó
embarazada, como haría cualquier soldado hasta que se levantó el campamento.
Tal vez ella fue “marcada” tal como Osamu
Dazai y su santa hermana hubieran querido.
Era anciana cuando vio a su nieto: Ustedes los jóvenes
creen que lo saben todo. Dijo ella con su acento cockney
e hizo una pausa
viéndome con dureza:
El pasado es para los que vivieron en el pasado. ¡Cessa!
aprender con la edad a que mi vida se vaya en sueños:
diciendo       .


La medida interviene, medir es todo lo que sabemos, una opción entre medidas                                .      .
la danza medida
a menos que el aroma de una rosa nos deslumbre de nuevo”

Igualmente risible
es asumir no saber nada, un juego de ajedrez
masivamente, “materialmente”, ¡compuesto!

¡Yo jo! ¡ta jo!

No sabemos nada y nada podemos saber sino
la danza, danzar a una medida a contrapunto,
Satíricamente, el pie trágico.



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*Segunda edición bilingüe. México:  Aldus/Conaculta, 2015.



Hugo García Manríquez ha traducido los libros Paterson, de William Carlos Williams (segunda edición, Aldus 2015) y Mecha de enebros. La imaginación del paleolítico superior y la construcción del inframundode Clayton Eshleman (Aldus, 2013). Como poeta, Hugo es autor de los libros, Anti-Humboldt: Una Lecturadel Tratado de Libre Comercio (Litmus/Aldus, 2015), Painting is Finite (LRL, 2012), Two Poems (Hooke Press 2013), La comparación con música (Juan Malasuerte, 2013), Los materiales (Tierra Adentro, 2008) y No oscuro todavía (Conaculta, 2006).