CARLOS VICENTE CASTRO / UN ALTERO DE COSAS VIENEN Y SE VAN


pedro galisteo


















Mi abuelita María me dice,
sentada en el pradito de su patio,
entre las flores de azahar
y hojas secas
dispersas en la tierra,
que si ella escribiera juntaría
un altero así de papeles
con todo lo vivido.
Acto seguido, le corta la garganta
a la gallina que sostiene su mano
y la sumerge con fuerza
en el agua caliente
de un balde blanco.


Esperando en la parada del 39A

Una pick-up blanca se detiene a mis espaldas.
Sin pensarlo, volteo ingenuamente
hacia el copiloto que empuña, medio escondido,
un cuerno de chivo. O al menos eso creo que es
esa imponente arma negra y con mira, reluciente.
Los vidrios polarizados intentan ocultar
algunas personas inquietas en la cabina trasera.
Al sentir que una de ellas me regresa la mirada,
lento bajo los ojos como distraído hacia el piso
y sigo esperando la ruta que me lleve a casa.



A campo traviesa

Oímos narcocorridos en la camioneta del comandante:
a campo traviesa nos dirigimos a comer unos tacos.
Nos siguen de cerca uniformados con chalecos antibalas
y rifles de un calibre que no sabría describir.
La Lobo negra blindada surca las calles
como un Boeing 747 entre las nubes.
Nada, ni los semáforos la detienen.



Quince años

La festejada, una mujer enorme
con un ramo de flores blancas,
se pavoneaba
mientras le aseguraban la plaza los municipales.
Yo lo observaba todo, todo lo notificaba con el celular.
Mi amigo policía me asignó la tarea porque era en mi pueblo
y alguien como yo pasaría desapercibido entre los halcones.
Además, agregó, algo de adrenalina me haría divertida la vida.
Me vino a la mente mi inútil experiencia
dispersa entre páginas de libros.
Ya en el templo empezaba a arrepentirme:
una misa aburrida como cualquier otra.
Afuera, en el atrio, con armas de alto calibre,
fumaban Marlboro light los padrinos.



Esquizofrenia fallida

De ti mismo te desprendes para subir a tu propio Everest
imaginario; cargas en tu espalda los libros
con que te cubrirás del frío. Plagio, en tu respiración
mórbida se cuelan insectos efervescentes:
tu doble llegó a la cima hace días
y tú apenas comienzas a tiritar.



Parecerse a los que estás leyendo

Ciertos rasgos salen a la superficie,
con la naturalidad
del que se estaba ahogando.



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