NICOLÁS PINKUS. BELVEDERE DE LOS SEGUNDOS AUXILIOS


















Formas de volver a casa

Cangrejal, el río artrópodo
su cuerpo dócil
con pinza, traslúcido
añora paraje
marítimo no ha caminado y le hospeda
una suave corriente
un hacerse hacia dentro,
dilema de vivo, blando
signo de pregunta endurecido exoesqueleto.







Hábitat


La fermentación de las aguas del tiempo que se enroscan 
alrededor del detritus como el caracol en su concha 
el éxtasis de lo que por fin se pudre para siempre. 
(Enrique Lihn)






I.
La playa como un souvenir neolítico donde pudo haber
alguna vez arado, producción cereal de las herencias;
la playa sin verbo de locomoción: quedarse
a prender el fuego, la familia
a complementar la dieta
con pescado
asado; ésta playa
como un boulevard primitivo al que han legado
reliquias en sus troncos solares,
esmerilados los atisbos rasos de ola
como gendarmes previenen
que, si hubo cultura,
fue hace bastante;
que si hubo razones estarán sepultas
bajo gruesas mantas
turbias de un agua tabaco
rozada por ciegos
animales cariátides.




II.
La casa inmediata
sus inquilinos faros
su inaudible introspección erige cuartos sin luz
sin invitados la protoinmobiliaria
crasa, nocturna,
férrea ante la cosa y la alimaña
potencial, la enjuta variación
residencial de un modo
hecho isla.








¿Y qué hay de los mayores, las preocupaciones más ligeras? 
¿Qué hay del río? 
(John Ashbery)



y que en un rapto la boca
sirva para tragarse los nidos de todas las calandrias,
la glándula del toro,
las cactáceas
y el dolor vuelva a hacer su jugo
en la boca que se rapta de lo que es
de nuestro llegar tarde a la primera fiesta del enojo
por no haber creado de la nada
el pasto sustancial, la bacteria
ahora somos un golpearnos la cabeza hasta el sangrado,
ahora nos juntamos
para que lo poco que podamos heredarnos
parezca un susurro
a lo titán, una moneda
de oro esta boca que anhela
decir y fundar
patria esta boca que tropa
y que nunca se tiene.







Convoy

Otra vez el rehén de las cosas
cuida el suelo con la huella mínima
o conquista el tiempo;
nada en el entre, las opciones drásticas:
o no hay más que empeño y decisiones
o todo
es iridiscente otra vez:
el suelo
como rehén
el miedo
como rehén.







La fuerza del nuevo (Pequeño gamo)


Me como a Dios 
(Miguel Ángel Bustos)



De noche, las partes se bañan
una avispa bate alas
sin saber que está en el mundo
para mirarlo todo, la noche
nunca va más allá de sí
en su gangrena, el venado
vigilia entre las pieles raídas
del alerce los pardos tonos, un nido
involuntario donde no insistir
el ciervo
no se lleva nada;
su muerte no se lleva nada,
no es grave
no subraya:
el animal se apoltrona en la cama eucalipta
las hojas le alivian el lomo sin veneración
nadie puede estar cerca,
quizá su cría
le olfatee a cierta hora cuando el viento
comience a informar
de la putrefacción, el niño de astas
se queda con todo
inaugura una exhaustiva soberanía
y una parca ceremonia
al empujar de la nariz sobre el hundido lecho
pectoral del padre, un hocico se pregunta
si estás bien
y no
y ahora
el niño que ha venado
del niño llorará lo que es del niño, del venado
bufará hasta conseguir la fuerza
y el asombro le caminará
hacia una mata

blanca
en un blanco claro.