CECILIA PODESTÁ / LA PRIMERA ANUNCIACIÓN

richard tuschman









Yo quiero que ese niño nazca muerto, María
Poco me importa ser el padre de un salvador
O el santo que acompañe tu vientre
Tocado por las manos ásperas
De un dios egoísta.

Él
Pondrá sobre tu hijo una corona de espinas
Y lo llevará hacia la cruz de los traidores;

Lo llamarán:

El Rey de los judíos

Pero antes será arrastrado por Jerusalén
Y envidiado por Juan, el hijo de tu prima Isabel,
A ser llamado El Bautista
Que tampoco nace aún en esta tierra
Y tiene ya un destino miserable.

 El Tuyo se llamará Jesús
Y le pedirá a un hombre que lo lleve a la gloria
Rogará a un tal Judas que lo entregue a los fariseos,
ÉL venderá su deshonra
Por un lugar en la mesa de los apóstoles
Para la eternidad.

Y en la hora de su muerte
Tu hijo
Partirá hacia los brazos de su padre con dos ladrones,
Tendrá sed
Y morirá diciendo
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

 María,

¿Quién te perdonará a Ti en la vejez?
¿Quién te dará otro hijo sin una muerte o dolor

Que se anuncie en la boca de un ángel malvado?

¿Quién te dará otro hijo que no sea arrebatado

Para el perdón de nuestros sabios pecados?

Por eso, joven esposa, yo quiero que ese niño nazca muerto.

 Gabriel,

Me ha dicho ayer en el taller
Que nunca serás mi mujer.

 Gabriel, te visitará mañana y no podrás ver su cola de
Rata
O su perfil oscuro.

Te hará caer en la tentación de su dios en el exilio
Y serás la madre de aquel que lleve a su pueblo
A vivir en la culpa de haberlo matado.

 Tú los arrastrarás
A vivir escondidos en el temor de desobedecer
A un falso dios,
Que ríe sabiendo ya, que engañó a los hombres
Y les quitó el fuego.

 Serás tentada, María

Ascenderás a los cielos a descubrir una mentira
Y te arrepentirás de nunca haber sido mi mujer
De no haber aceptado hermosos vestidos
Ni bebido de mi saliva
Convertida en vino para tu garganta seca.

 Serás tentada y yo te seguiré,
Pero escucha bien lo que te digo, niña de Nazareth,
Poco me importa ser el padre al que todos asuman como
El Salvador.

Poco me importa callar cualquier verdad o mentira,
O saber que los hombres serán engañados
Y adorarán a un demonio con piel de cordero.

Yo
Te seguiré en la tentación
Y cuando no mires
Tallaré un dios,
Un verdadero dios de madera para los idólatras.
Pensaré en el becerro de oro
Y reiré cuando los hombres adoren a tu hijo

Y cuando no mires,
Cuando no pongas tus ojos sobre mí

Me tocaré,
Soñando con dormir alguna vez sobre tus piernas
Y, así no lo quiera,
Seré convertido en el santo que acompañe
y adore a tu vientre.