CINDY JIMÉNEZ-VERA / MITOPOIESIS




Kate Parker




La mujer de Tommaso Landolfi


Traduciré a Gogol, le dijo a su mujer, Tegucigalpa.

Suena un portazo.

Landolfi lleva tres días encerrado en su estudio en Roma. Los vecinos alarmados al no ver salir de su casa al huraño escritor y, ante la ausencia del olor del pan que su mujer hornea en las tardes, advierten a la policía del suceso.

Dos carabinieri confirman, frente a las incrédulas luces de las cámaras de los paparazzi, que Landolfi yace desinflado en el suelo justo detrás de su escritorio. Una tachuela incrustada en su glúteo izquierdo es prueba infalible del asesinato. Tegucigalpa ha huido con todos sus materiales inflables.

Nunca superará el suicidio de su mejor obra.

De Tegucigalpa (Ediciones Aguadulce, 2012)




Concurso de blasfemias

Maldecía al Rey de Ublek a diario. Invocaba al diablo una vez al mes. Mató a sus padres. Para ella, era un hecho que ganaría el concurso de blasfemias de su ciudad este año. Obtuvo mención de honor. No nos vendamos simulacros a estas alturas del partido. Al sindicato de petroleros no hay quien le gane.

De Tegucigalpa (Ediciones Aguadulce, 2012)




Mitopoiesis

Aquel día llegó con una carta de desalojo en las manos. Fue así como el horno, las gavetas, las cortinas y los zapatos dejaron de aparecer en aquellos poemas domésticos.

De 400 nuevos soles (Atarraya Cartonera, 2014)




Frenesí

La esperanza es audaz
se mete donde no le llaman.
La última vez la vi merodeando
el féretro de mi madre.
Por momentos podía ver
como se le metía por los ojos.
Hasta llegué a pensar
que aquel era el mejor momento
para ir a besarla.

De Islandia (Editorial EDP University, 2015)



Encontrar a Eyjafirdi y otros cementerios

Una página web asegura que ayuda
a encontrar el cementerio islandés
donde está enterrada tu madre.
El día que enterramos a mi madre
(lo sé porque yo cargué
el lado izquierdo
de la parte posterior del ataúd
desde la entrada del cementerio
hasta la tumba)
hacía un sol terrible.
Era fácil dar con su ubicación
no sólo por la luz solar
si no porque su tumba está
a la derecha de la entrada.
Lo que nunca se encuentra
en una página web
es el teléfono directo
del enterrador
porque dirige la llamada
al municipio
a la oficina del alcalde
a su secretaria
a la recepcionista de otra oficina municipal
quien suelta el auricular
y le grita a algún funcionario
que no debía aparecer en este poema
y le pide el número de extensión
del cementerio
para poder preguntar
el horario de visitas
y llevar flores.

De Islandia (Editorial EDP University, 2015)