DIEGO ESPÍRITU / PATRIVIUM: LA CONSTANTE INTERMITENCIA DE UN ESPACIO




del filme shirley


Gerardo Villanueva hace un recorrido complejo de atajar en todas sus aristas. Patrivium es en primer lugar la reiteración del padre de  diferentes formas. Los poemas son más bien espacios que abren como vías hacia un mismo sitio, pero desde ahí hacia muchos otros. Es de una u otra forma la constatación de que la filiación se constata más allá del ácido nucleico .
¿De cuántas maneras distintas se nos puede presentar la forma del padre? Patrivium puede también ser visto como la posibilidad de ser-engendrado. El tránsito de Gerardo rebasa la literalidad y lo inmediato: no se trata de hablar de un padre tan sólo como un ente portador de afectos, sino como una especie de recipiente de imágenes y símiles que son en sí mismas resonancias de  otros espacios que, por lo menos en mi caso, sonaron como propios. La intención dice Gerardo es que pase inadvertido    que no haya forma encajarlo en la cutícula de esta hoja.
Hay referencias que casi se suceden por inercia una tras otra. Más allá de decir algo sobre la muerte de algún patriarca, al padre también lo atraviesan estructuras cuya intencionalidad formal es en sí misma interesante. Dice Gerardo: “no se trata de escribir acerca de mi padre/ no se trata de no escribir acerca de mi padre/ no voy a poner tachaduras que describan/ agravios de mi padre/ […]/ ¿para qué?/ si todo ya está expuesto (y no)”.
Lo esencial de Patrivium esconde tras un perfil que asoma en una serie de estructuras embonadas de forma fragmentaria y que sobre todo descolocan, voluntariamente, los sentidos: miradas yuxtapuestas, dolores pasados, ausencia latente de un algo paternal que nos recuerda ( a nosotros mismos incluso), la descolocación constante del verbo. Todos estos recursos que ahora menciono de forma aglutinada no hacen sino mostrarnos, a través de claroscuros y juegos de lenguaje, un todo que de otra forma sería muy evidente. Lo esencial de Patrivium es que no se nos da pronto [replay value]. Sin jugar a las escondidas, sugiere un todo que poco a poco y lectura tras lectura muestra partes de sí.
Dice Gerardo “mi padre tiene algo de Walter White/ no mataría ni un insecto y oculta metódico ahorros entre muros” y con estos versos de Dad segundo poema-espacio (nomenclatura extraña que busca tres dimensiones en el recuerdo), Gerardo entrelaza campos semánticos que en apariencia no tienen conexión ontológica alguna (hablo en términos de lo que implican para nuestro existir). Y al pasar de un aparente vacío como lo es el teorema –el concepto en general– hacia la representación de lo paterno como un personaje bien conocido, se muestra en movimientos acrobáticos lo que sucede al interior de Patrivium.
Hago hincapié en un par de puntos. Digamos por un lado que Patrivium no habla de un Padre, sino de lo paterno y lo anterior es una sustancia que se puede expandir desde el sentido patriarcal, estéticamente hablando, hasta aquella figura con la que nos relacionamos biológicamente. Lo paterno como esencia sería un elemento clave de Patrivium: lo paterno no como un nombre concreto (o no sólo eso).
 Por el otro, no olvidar que Patrivium hace de la constante elipsis uno de sus recursos más interesantes, como lo demuestra así Astillas. El tercer poema del libro bien puede dejar entre paréntesis el silencio, o hacerlo con algo tan importante como lo es él mismo (o la voz que entreteje las intermitencias que se nos presentan en forma de versos: “Aquí podría decir algo sobre él y no/aquí cabría con su extensión pero no/ aquí nada de él). Patrivium podría o no ser un parricidio. No se trata solamente de matar al padre, sino de explorar la esencia de él mismo. Más que una supresión, Patrivium es un recorrido hacia eso que representa la figura patriarcal.
Uno de los rasgos que más llaman la atención es la precisión con la que Gerardo utiliza el lenguaje: no hay accidentes. Es difícil concebir Patrivium como si fuera algo no intencionado (que no engañe su estructura fragmentaria que explota hacia distintas partes desde un mismo punto). Desde el atinado epígrafe de Paul Auster al inicio del libro hasta el genial apunte de It’s not dark yet but it’s getting there  de Bob Dylan, cada parte de Patrivium da cuenta de un artefacto bien calibrado, cuyas partes cumplen su función cabalmente. Los epígrafes como claves pertinentes de un registro que los versos o intermitencias que abren: Patrivium es la constante intermitencia de un espacio.
Más allá de hilos conductores y demás estructuras poéticas, el carácter esquivo de Patrivium hace de su lectura una exégesis constante de elementos. Dar cuenta de la poesía como algo artificial –en el sentido de un armado preciso, cuyas piezas son imprescindibles–no es algo sencillo, pero Patrivium es evidencia de ello. Desde Astillas hasta Casa de Nadie, pasando por Fundamentos de una nación y la antidespedida en cuatro actos, Gerardo Villanueva va echando luz sobre esto que es lo paterno, a través, yo diría de sí mismo y de una pregunta que recorre el texto, una implícita que es ¿de cuántas formas se puede hablar de un padre?
La configuración de Patrivium lo constituye como un artefacto, ya lo dije, pero es uno cuyo funcionamiento depende de intermitencias (provocadas por el uso de los recursos mencionados, pero sobre todo de la elipsis y el descolocamiento gramático y retórico, en particular de la acción en el poema).  A su vez estas intermitencias van dibujando un espacio que es Patrivium. El espacio donde la esencia del padre se bifurca en distintas vías y no hay un sola. Es,  y parafraseo a Gerardo, el redivivo entre páginas de un compendio que no existe, brotado de experiencias que no tuvo (y no), un volver de periplos que se emprendieron (y no), Patrivium es un aquí hay nadie (y no).