ELIO VÉLEZ / SANSÓN EBANISTA





david kattan



I

Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Francisco de Quevedo


azul es toda sombra desde el eclipse de tus palabras,
penetrando esta pulpa de agonía que fuga del templo.
¿quién tu madre en el bosque para invocar el terrible fuego
del hartazgo con que trasquilas el vellón de tus abismos?
¿dónde, sobre las huellas de tus penates descoloridos,
imitarás la danza del incienso, sus rumores llenos
(o más rellenos) de una crema que promete largo sueño?

el sol; dónde celeste y dónde abertura, dónde tus labios
sin pronunciar la obscuridad mediana de aquellas fronteras.
así tu reflejo en amapola: siete esquirlas rasgando
el cuero desgastado de tu templanza, tu tierno afán.
desde entonces ya en tu sangre el insomnio cortejando tantas
glándulas como deseos, como raíces y los miedos
que escupiendo al cielo proferiste seguro del eclipse
tan pariente de los buitres. azul es toda sombra terca
para la sed de brasa, de piedra dilatada en la pepa,
para tu silencio plantígrado que llama la plegaria.


XVII

yo disfruto con aromas nuevos la flor de tu partida,
sabiendo que flores rojas nunca crecerán sus raíces
en el reflejo de tu adiós. soledad tus lentas caricias
que se apagan en la nieve nunca iluminada del cedro.
y tu sueño, Sansón, qué de pesos sus cristales opacos,
incubando en nuestra querella el tumor de la paz que siembra
roble caoba pino acaso arena para tus orillas
de mar que tarda en el ardor musitante de los finales.
poco nos dices en tus cartas sin fecha: diciembre del
uno, queridos, ya no vengan a sufrir mi noche porque
duermo y duermo sobre mar y los pienso y los vivo en la quieta
mañana... soy ustedes este mes y en este claustro denso,
soy ya pupila y voz. nos dices que hay frutos de blanca pulpa,
y que las aves son excusas dispersas que te conmueven,
dices algo sobre senderos que son reencuentros, Sansón,
tu aliento como bosque y despedida; nuestras siete rosas
en diez gotas que resbalan de la mejilla en las tinieblas.