HORACIO FIEBELKORN. LA PATADA DEL CHANCHO






















I. La máquina de Markov

La cadena de Markov es una ecuación que predice las 
estructuras de oración, y es el algoritmo 
que usé para armar este Frankenstein. 
Se trata de una herramienta, adosada a 
redes sociales, que genera frases a partir 
de cosas ya escritas. Muchos la usaron 
como divertimento de ocasión. Yo me 
dediqué a copiar las frases generadas, 
con las que armé este texto que incluye, 
camufladas, palabras de unos cuantos 
autores que me gustan, de distintas 
épocas y orígenes. Dicho de otro 
modo: textos “humanos” intervenidos 
por la tecnología, en un ida y vuelta con 
alguien a quien ya no sé si llamar “autor”. 
Difícilmente pueda leer en voz alta este 
“poema” alguna vez.







1

Lo que querías
escuchar
manipuló tu nombre
escrito
con tinta china,
¿recordás?
Empezó
verborrágico. Empezó
en el dedo fácil.

No, no, son casos de
censura verbal.
Uno de Magnetto,
lo que el dispositivo
de la catedral
no habría inventado:
la rueda.







5

No hay un bardo
a skater viejón, y ya.
Pero venían
todos los diarios

Paranoicos y lengua
de “oh!”, la cara
de sacudirlo
por los huesos.
Salen por semana.
Pero venían
todos tus deseos. O
como el cáncer.

La hiedra también.
Entonces
el nombre de lo tilingo.

Sin un querido y ojeroso,
de sortija
en un pensamiento
baila en las palabras.
Se convierten
en recuerdo.







8

Llueve húmeda, será
el resto de viento
en el cuerpo humano.
Realiza un ranking,
o un estado laico,
y también
recibir. Supone
un tipazo.

Al Partido de la página
se le exige
equilibrio pasajero
entre dos días de adorno
hasta que se venden
porque cuenta
con el verano.







15

No saben ahora
a dónde te mando
un abrazo
para evitar errores,
por algo.

No, no, de ningún bien
yo salgo
a la venta
en fila india.
Aún no hablan.
Se han vuelto
más opuestas, sin
la iglesia
inexplicablemente
cerrada.

Grupos de un silencio,
nombrando por un lado
al mismo al que los consumidores
dejan paso en la heladera.

Edición lírica del banco
en la madrugada.
Sabemos
de los versos, no el autor.

Bueno, en fin, no
con un tipo
fue la red: repleto
de basura.







19

El amor es
la gran mugre, la marea
de gente con ganas
de conocer tu objetivo
y cree seguir un camino
luminoso al bondi.

Ahí tenés, llueve mucho,
pero es Shakespeare
disfrazado
de mi silencio.
Te hice caso, eh,
el ministerio de registros
en su extraño dominio.

Y nada sucedió encima
de la psicología,
concluyendo que
sucede, se dijo, y

le salió eso, esto, aquello.