JORGE RENGIFO. NINGÚN HOMBRE ES UNA ISLA




gilda mantilla























Ningún hombre es una isla. Pero tu muchachita.
Eres un continente. Eres mi sopor y más que eso eres el cielo blanco en la maquinaria voladora de mis sueños. Leche llena de cuervos impronunciables que vigilan bajo sus trémulos espejos lo que oculta mi tristeza. El silencio es el filo de esta navaja que aprisiona contra mi cuello su beso más tierno. Creo. Sabes que creo. Que los abismos crecen hasta el campo del cielo en forma de Amor. Bien podrían ser aquella cicatriz desplazándose como un hacha hasta la memoria. Te sorprendería saber que ahora llaman la memoria océano azul de gente muerta. No te sorprendería saber que ayer por la tarde una rosa de plástico llena de travesuras iluminadas dibujó una sonrisa  sobre el féretro de mi rostro. Muchachita. Blancamente te lo digo. Tan incierta es la luz al final del camino. Que tonto se ve el sabio cuando es incapaz de acariciar dos pechos hambrientos del misterio que parece inconmovible en su mar de flamas. Las totoras crecen entre las olas angustiadas. El tiempo de las piedras se arremolina y nuestra nostalgia parece ser un ave de paso más. Muchachita sacra. Un domingo maldito. Recostado sobre las bancas forjadas de hierro de la plaza francia. Te eh soñado saliendo a oscuras del chifa felicidad. Tropezando peligrosamente entre diluvios etílicos y perros que tiritan de frío y de corazón. Pasando por la estructura pétrea del cine colmena. Muchachita sacra. Manchita limpia y divina. Miro tus ojos de grafito. Las partículas de tu llanto atraviesan el cemento de la calle. Lamento no estar ahí. Lamento tu llanto. Evito mirarte. Pero evitándote también te miro. En aquel momento las paredes de tu cráneo fueron cayendo una por una lentamente como hojas de un libro hecho de perlas. La muerte te retrato blanca
O sea: los ojos se te cerraron blancamente hacia el sol, produciendo un hato de palabras al norte de este poema.
 
Muchachita río de sangre que te estrellas contra mi techo de aluminio. No me arrepiento de ese pequeño retorno al futuro, multicolor, que hizo de las letras sarcófagos nupciales, sueños de otros cuerpos girando como trompos en cuyos ejes centrales yacía dormido el universo.
Muchachita de porcelana quebrada por un caballo furioso. Puerta cerrada violentamente por una mano temblorosa. María magdalena plantada sobre una calle rota como una niña sin sonrisas. No me arrepiento de la algarabía del silencio extinguiéndose frente a los candelabros neblinosos retorcidos por el dolor del inabarcable goce.
Sin embargo siento un enorme vacío. Un agujero que corrige demasiado tarde todo lo que hago.
La locura.
Los días, la voluntad.
Y la voluntad de los días reposando sus huesos ciegos bajo un árbol. Afuera de mi casa los automóviles arden de miedo. Pero tú no eres una lata muerta deslizándose por las avenidas.  Tú no eres un tonel lleno de maldades. Tú no has elegido este final, más eres responsable de haber terminado aquí. Mi nerviosa. Mi copa de vino sobre el tramonto. Bruja infinita. Ya no hay nada a que aferrarse y mis manos tratan de apretar lo imposible como un collar de golpes en el rostro, en el cuerpo y en todas las puertas que tardan en abrirse. Tú no vas a volver a golpear puertas. Tú no vas a volver a perforarte los sentidos golpeando muchas puertas que tardan en abrirse. Tú no. No tú. Muchacha
¡Esta es la desesperación!
El desencanto de no poder cruzar Chosica, Matucana, San Mateo Casapalca, Morococha, La Oroya, Junin, Carhuamayo, Cerro de Pasco, Chicrín, Huariaca, Ambo, Las Palmas, Toda el agua del río Huallaga, del río monzón, embotellada en semanas habitaciones discos de cumbia Huesos tristeza dura. Mundos llenos de carne nieve estrellas insectos estrellas que parecen pequeños insectos e insectos que parecen pequeñas estrellas de nieve. Este poema es un insecto y estoy a punto de pisarlo. Esta es la desesperación que no avanza. Esta es la desesperación que no se para ante ningún tribunal. Esta es la desesperación que nos separa de todas las personas nacidas después del año dos mil y equivale a rebanarse el dedo índice de un solo golpe.
Escribir.
Besar. Soñar. Contemplar.
Y soñar que contemplamos margaritas bajo una caverna suspendida a centímetros de una lengua desconocida. Esta es la desesperación sucia y rabiosa, descomponiéndose ante su propio engaño. Mírala hacerse humo. Muchacha. Mírala succionar su reflejo y decir:
Muchacha, Esta es la desesperación. Los hombres son terribles cuando desesperan y ya todos están desesperados. Vas a huir pateando las verjas de este país con síndrome de Estocolmo. Chantajeada a tus veinte años y con un vacío imposible de llenar.
Ni con collares de golpes. Ni con poemas de fantasmas llorando. Ni con siete cremalleras bamboleando alrededor de tu cama. VAS A HUIR. Tú que no creías y terminaste creyendo. VAS A HUIR. Tú que no tenías esperanza y terminaste esperanzada.
Y nuestro amor que era único no existía.
¿Pero quién elige su muerte en el mundo? ¿Quién verdaderamente elige atravesarse de un tajo su amor en el mundo?.
Y con veinte añitos 
Si la felicidad es un golpe de miradas hipnotizadas con fines de secuestro. Finjamos que somos felices entonces.
Finjamos creernos eso de la vida y de reproducirnos.
Ser ascetas, lobotomizados o adictos al prozac.
Finjamos que todos los días son un día perfecto para lamernos las heridas.
Tienes los instrumentos adecuados para ser importante en el trabajo y esas cosas. 
Trabaja duro, pero donde sea que estés no te vayas.
Me voy a quedar esperándote en la intersección del río Monzón.
Y Huallaga.         

(De “Ariadna”)