GRACIELA PEROSIO. BALANDRO

*
sólo atiende a esta vela
que corta
el viento de los senderos habituales
las ansias y temores del porvenir


navega tu corazón
en el exacto
balandro
del ahora



ésta es la travesía
en un mar de maravillas









*
en el espejo de la laguna
los pescadores
se reflejan cabeza abajo
con sus cañas negras
a contraluz del sol
de pronto
sobre mi cabeza pasa simétrico
contra el cielo azul de otoño
un flamenco rojo
que corta la tarde









*
También es de las que saben
qué es la noche.
Buscó un país inocente
en el cerco donde crecen frutillas.
Envolvió su timidez de pájaro
en un diploma al uso
y dejó el timón
al bramido del viento.









*
En la noche de febrero, densa,
algunas ventanas insomnes
se iluminan en la ciudad mal dormida.
Esta viscosidad nos reporta
la invalidez del cansancio.
No alcanza para merecer el sueño.


De pronto, la sospecha de un trueno.
El ansia de la lluvia en los sauces
y sus grandes cabelleras agitadas.


El deseo es una tormenta
en la duermevela
agobiante del verano.









*
Hay una edad en que las escenas,
las personas y anécdotas
vuelven como rompecabezas
para armar.
La memoria busca
o inventa sentido.
Y no se sabe bien
si los hechos fueron así
ni a quién le importa.
Vuelven, reclaman un lugar
en la escritura.
Y ella, como historiadora excéntrica,
documenta batallas mínimas,
exámenes de entomólogo,
descubrimientos ópticos
en el microscopio del recuerdo.









*
Lo que sucede cada día,
los pequeños hechos cotidianos
o los importantes
que te marcan, te desbaratan.
Los recuerdos, aún
sus distintas versiones.
Las personas que encontramos,
los compañeros de trabajo,
la familia, el vendedor de diarios
de la esquina, el encargado,
también son balandros posibles,
navegables
hacia un océano de plenitud,
ola tras ola y más oleaje.
Todo depende del timón,
es decir, de las manos de la vida,
temblorosas pero firmes,
en el timón.