JAVIER RIVERA / LA MÚSICA DEL HIELO, DE LUIS ALONSO CRUZ







El hielo al cual hace referencia el autor en el título, no es cualquier hielo. Es una banquisa que flota sobre la superficie del agua de mar, no es banquisa de orilla, fluye como el fuego que arrasa las nubes del recuerdo y el deseo.

Este hielo consta de tres bloques, en el primero, Elsinore, Luis Alonso Cruz genera un yo poético como una unidad cerrada en sí misma, una vida total que brota desde referentes magníficos y volutas imágenes.

Va desde la gestación hasta la muerte, todas las muertes posibles.

Esperar/ es una virtud materna y lanza la flecha al futuro.

Asistimos a la antropomorfización de la medianoche, la persistencia del mar invasivo y la redefinición de La Inocencia como aquella infancia-desenlace definida por: ese roble en medio de la bahía,/ el frío y los peces muertos. Nos habla de un lugar al otro extremo de la bahía, fuera del útero; mientras la medianoche vela a la parturienta desde su sueño profundo.

El poema dos es la progresión a la juventud y la adultez a velocidad superlumínica. La mar deja de ser el líquido amniótico fundamental y se convierte en vida. Buscamos la vida en ciudades, calles, plazas, lo que sea; vivimos para ensuciarnos como corsarios, ladrones, piratas amantes; hicimos el amor permitiéndonos encallar en lechos, repletos de voluptuosas flores, para llegar al misterioso fin del mundo; nos casamos y al día siguiente: las constelaciones se volvieron hogares seguros...

Luego vinieron los destierros, los viajes, las mudanzas, los rompimientos, el desarraigo; y finalmente, la muerte en todas sus formas. Recuerda que el retrato paterno siempre es el más grave: la caja de sus serpientes, la cáscara de sal más importante y con el padre, la sabiduría benefactora del tilo es heredada con dolor. Unter den Linden nos explica que somos vibraciones de una mecánica cuántica mayor y menor, tan solo un hilo que forma parte de la trama infinita de la humanidad que fue, es y será. La Unión, Sildavia y Las Aventuras de Tintín colorean el estremecimiento intestinal de una Europa ansiada por esta madurez imaginaria del autor y utiliza como puente la historia que une la realidad con el recuerdo o deseo. Mascha Kaléko es el ejemplo elegido para ilustrar todas las muertes: ser mujer, judía y poeta en la Alemania Nazi; su separación traumática de la tierra, el sentimiento de alteridad, el aislamiento; la pérdida violenta de un hijo, soledad, melancolía. La cuarta muerte, la definitiva, era la única que le faltaba.

En los retratos oxidados escucho las anotaciones del padre llenando los espacios indelebles que se configuraron en la primera parte del libro, hablando como si fuera Viktor Frankl, contándonos las tristes historias de un campo de concentración marino en donde los sobrevivientes, presos de la furia y soledad de sus emociones y los recuerdos de sus vidas, salen a buscar la casa que dejaron antes de ser recluidos en la realidad, quieren abrazar a la esposa, a los hijos, besar sus pieles, pero cuando abren los ojos, el infierno del agua salada aún sigue allí, pesadilla arrastrando la dulzura del sueño hacia el fluido multicolor que se incendia en sus ojos. La Guerra Civil Rusa y el determinismo genético a ser vencido son elementos fundantes de los hombres y sus familias que crecen y se retuercen,/ tienen raíces,/ esparcen semillas que se quedaron en los montes.

Finalmente, Pulsar de hielo nos trae la voz personalísima. El yo poético se pregunta sobre sí mismo y su condición. El oxígeno va dibujando las branquias,/ Hemos cambiado/ O de repente nunca dejamos de ser fetos de reptiles. En esta parte final aparecen nuevas preguntas sobre la verdad sin dejar de lado los temas transversales: somos el espejo dentro del espejo, el padre y el hijo se encuentran, se reconocen, son la misma persona en el sueño, en los pensamientos que recuerdan familias en llamas y, en su último aliento, no refleja la desesperación y el desgarramiento de la mar, la vida y su historia; solo la monotonía de la rutina para dejar el lápiz y volver al autor.

El hielo al cual hace referencia el autor en el título, no es cualquier hielo. Es una banquisa que flota sobre la superficie del agua de mar, hielo a la deriva, mar de hielo y fuego.