EDUARDO PADILLA - ¡GIRA, CÍRCULO DE FUEGO!





—¡Ah, hermosos ojos, hermosos ojos! —y se lanzó al vacío.
E. T. A. Hoffmann


El horror me ahorcaba con su cuerda
así que di un salto hacia atrás
y me miré desde el otro lado del disco.

La perspectiva cósmica aniquila a los reyes
pero libera a los asalariados.

Ya vendrá otro mundo
y otra cosa que vuele y observe.

Mi casa tiene peor memoria que yo
y así estamos bien.

Quería aprender a trepar árboles
pero no quería pagar por el curso
y sentarme a recibir instrucciones.

Si trepar árboles lleva a algo
es al entendimiento de tu propia extrañeza.

Le pregunté al alpinista:
“¿Por qué quieres trepar el Everest?”

“Porque está ahí”
me responde.

 Sólo por              hacerlo
salir
e irme.

Sólo por la vista.

Sólo por dejarme allá bajo,
mirando hacia arriba con la boca abierta.
Saludarme desde la cresta.

Sólo por juego. Sólo por jugar a que respiro.

Pero no sólo por complacerme.

Hay que desconfiar del bienestar
y de la mano que conoce demasiado bien
el acomodo de las cuerdas.
La mano que tensa la cuerda del placer
tira con gusto de la cuerda del castigo.

Trepar árboles
y pasear la mirada
no es una forma de conseguir sexo fácil.
Trepar y pasear
no es un sedante.
No es embarrarse ungüento
en el alma.
No es paz.
No es estar bien con uno.
Es librarse de uno.
Sin perderse
o matarse.

La desesperación ayuda.
¿No es extraño?
La desesperación es el motor.
Sin ella no habría salido nunca.
Por su gracia salgo de la celda
y tomo largos paseos.

Aprender a dar largos paseos fuera de uno
ya que
es cruel ser sólo uno.
Tener miedo todo el tiempo.
Tantas cosas que arrastrar.
Tanto que recordar
y perder.
Miedo a perder tantas cosas.
Tantas exigencias
y acuerdos.

La idea que uno tiene de uno
es un vampiro.

Salir de paseo no es imposible.
Es chocante comprobar
lo poco imposible que es.

Es chocante comprobar
que siempre estuvo ahí
sentada bajo tus narices,
haciendo burbujas.

Estabas demasiado ocupada siendo lo que sea que eres.
Teniendo opiniones.
Deberes.
Consignas.
Y ella sólo quería que cerraras la boca
y la sacaras a pasear al parque.

Hay que aprender a patinar
con los sentidos
muy lejos de uno.
Muy lejos de uno es
extrañamente
más cerca que antes.
Patinar afuera
de la miserable comarca.

¡Vania,
es una música atronadora!

Está en las hojas del parque
y en todo lo que cuelga
de una cuerda.

Se tira un clavado desde el sol
y se hunde en las brechas
del castillo.

Bailoteo intenso que no rompe las cuerdas.

Música atronadora que no rompe los oídos.

Hay que pasear por el parque
como la barra de mantequilla
pasea por la sartén
y el fuego.