MARÍA LUCESOLE. EN TODAS LAS COSAS LA NIEBLA

PRIMER POEMA

A veces todo me parece de otro siglo:
las casas de tejas con enredaderas, las mujeres con bebés
cruzando la calle, los árboles sin hojas, el cielo de las cinco
en un pueblo de paso.
Como si todo hubiera dejado de existir hace tiempo
como si todo perteneciera a un pasado olvidado
y de las cosas sólo quedaran los conceptos que a veces recupero
asombrada, como ahora,
y cuando eso sucede me dan ganas de llorar
con una duración proporcional al tiempo
en que los conceptos tardaron en vaciarse de materialidad
y me dan ganas de correr aunque eso signifique
la soledad eterna en medio de la naturaleza eterna.
A mirar y escuchar la montaña y el cielo el resto de mi vida
hasta que todo vuelva a ocupar su lugar de contenido total
hasta que todo tenga otra vez su original consistencia
y esté el mundo y esté yo dentro
de un paisaje sólido, visible, inconfundido.
Esa desesperación, la sombra de un árbol
esfumándose entre las últimas luces de un pueblo en invierno,
eso es dios para mí.








PAISANAJE

Me hago unos mates con yerba Playadito
qué ha pasado mijito, te han suavizado en demasía,
te han lavado en lo profundo pero ahí sigues nomás fielmente
como perro de paisano.
a para ocuparse de la higiene personal, 
cargar el tanque y esperar
a que las gotas caigan lentas sobre la piel curtida.
Qué hago en esta ciudad, tarima de todo lo que se comprende
yo, que debería estar en la naturaleza.

Ayer fue de un aguacero fenomenal la tarde
todos hablaron de granizo, mientras yo vi
por la alta ventana cómo llovía de costado sobre las terrazas
y el pavimento.
Granizo.
Granizo es cuando cascotes helados
son arrojados desde el más allá hacia el campo
para despertar violentamente a la cosecha
para despabilar al ganado que sigue sin entender
de qué va su corta vida en los campos alambrados.
s tarde atravesar el parque, dios santo mío
¿qué es esto? ¿qué es esta mentira
del tiempo y del espacio?
qué vienen a ser estos límites de rejas y cordones
si yo misma vi, cómo se iba encarcelando la parcela y cómo
el cielo quedaba cada vez más lejos de este cuadro decorativo.

Corto camino sobre el pasto embarrado,
formas para huir del lodazal
leí anteayer en un libro que tampoco enseña nada.
Primero la luz prepotente, el mundo blanquecino
y después, en seguida, el estruendo.
Simplezas, saberes de campo que se estiraron a esta zona.
Para no pisar los charcos con mis zapatillas de calle
camino por el cordón adoquinado que separa la cancha embarrada
del sendero encharcado.
Qué es esta mentira del tiempo
yo nunca estuve en otro lugar que no fuera bajo el cielo.
Enfilo para las casas: hospital naval, bar río
el kiosco del Indio que cada vez cierra más temprano
y ahí la reconozco: mi casa de la ciudad.
Dos trapos, unas vallas de madera sobre un pozo de gas,
un hombre desconocido que de traje me viene a abrir la puerta
¿es que estoy entrando en la muerte?
La lluvia otra vez allá al costado, mi casa a oscuras.
Cuando llegué a la ciudad
tocaba la pava del mate al entrar
para ver cuánto hacía que se habían ido.
Cuanto más fría estaba menos tardarían en volver,
Costumbres que perdí después de algunos años.
Yo, que debiendo estar en la naturaleza,
bajo en ascensor hacia la calle
y miro el cielo desplomarse
sobre un lago artificial.








LA NATURALEZA

La infancia; el tema de unos
juegos florales relativamente feroces, pero en fin,
música
alrededor de una glorieta vacía.
                                        Enrique Lihn, La infancia


Es la alta noche en mi casa de Villa Crespo
está nublado el cielo, al lado, en la ventana
y yo veo, como una excusa, Medea de Pasolini
elijo esta otra película, pienso,
en la que un centauro dice 
que la naturaleza no es natural
que cuando lo parezca se habrá transformado en otra cosa.
para mí es suficiente.
giro la cabeza hacia la ventana
y se enciende la luz de entrada:
mi hermana más chica, las 3 de la mañana.
Hablamos a oscuras en la mitad de la noche
está más flaca, nos vemos poco.
Ahora, por la casi total oscuridad
y en los días pasados,
al igual que con mi otra hermana.
Cada una su camino, como un ramillete
salido de una madre.
Como un ramillete que se desata cayendo los tallos en ríos distintos.
Como sucede en todos lados y también en mi vida.
Cada una su camino y algunos pensamientos
que se comunican casual y maravillosamente
en medio de la cálida tempestad.








FUI A UNA MANIFESTACIÓN

Fui a una manifestación y la sentía
cerca de mí, enfrente de mí,
dentro de mí.
Como un laberinto de gente
que es ella misma el espacio
que para los demás dejan sus muros.
Laberintos de árboles, de mármol,
de personas que se mantienen
todas juntas
formando figuras extraordinarias bajo el cielo.
Me senté entre la gente y la sentía cerca de mí,
miré tantas piernas y caras enfrentando al sol
mientras llegaba una música
que pareció estar ahí desde otra vida.
Algunos bailaron tristemente,
yo sentí que estaba ahí por retener la sensación
de la gente reunida,
con el temor de que alguna vez
pase a ser sólo un recuerdo.
El único temor, por cierto:
que la figura extraordinaria deje de armarse
y que cada laberinto pase a ser la marca interior
de un tiempo pasado de lucha.
Fui a una manifestación
y la sentí dentro de mí,
cerca de mí.
Enfrente de mí había músicos y lemas,
personas viviendo en lo importante,
¿queda otra opción? Temí,
no poder sentir más esa calidez
inexplicable y sin reemplazo
de los cuerpos abrazados
de los desconocidos.
Fui a una manifestación
y la sentía dentro de mí,
me atravesaba ese laberinto de gente
como el reflejo del sentimiento
de mi alma
que aún no conozco,
como el brillo de la luna en el agua,
me atravesaba la gente.







ORACIÓN

Yo sé que te tengo dios,
quien quiera que seas,
detrás de mí,
como una estrella distante.
Yo sé que a veces, innecesariamente, seguís mis pasos,
cuidás mis huellas en la noche,
que camino y a mi espalda,
hay un pájaro gigante que lleva tu nombre
Como un cóndor  o el pájaro que esa mañana
Estaba parado en la baranda del balcón
Cuando desperté.
Que estás
ahí donde no estoy, pero muy cerca,
que dictás en silencio, otros silencios 
sos parte de los libros, las mañanas, las acciones,
que tu nombre debería ser destino,
que no sos yo, porque te parecés a mí
mucho más que yo misma,
que sos mi soledad, mi multitud,
la manera en que despierto y no siento ya más
la muerte.
Que siempre estuviste ahí,
como una luz dentro de otra luminosidad más grande,
que nunca hubo en mi vida realmente oscuridad,
porque sos la cabeza que encalla, sin más,
en cualquier atardecer inesperado.
La espalda de ella cortando fruta en la mañana
La forma en que el amor extinguido
Un día reaparece.
Que vas a estar en mí
para que mire y no olvide,
que lo inmenso es interminable.
que estás y no estás,
igual a la nada y al aire,
que sos irracional como yo pretendo serlo,
que donde nadie me entiende, está tu desentidimiento.
Porque entre las personas habita un abismo,
tanto vos como yo lo sabemos,
yo porque lo aprendí de tu presencia invisible,
de tu modo gradual y sutil de ser mi sombra.
Lo que sea que fueras y sos:
naturaleza, planta, animal, destello,
luz infinita de las cosas inmateriales,
no hay ocasión en la que llegue a lo profundo y no te encuentre:
luna, extensión de la llanura en un viaje, campo estrellado, cielo,
parte envolvente de todo lo que ahí está.
Que durarás todo el tiempo en que habite este gran lugar,
el único conocido y por conocer,
en el que caminaré incansablemente
sin buscar nada de más,
lo lo eterno.








EL CIELO DE NOCHE

Salgo a fumar un cigarrillo a la vereda de pasto al lado del Club Madreselva.
En el fondo sé que es el último cigarrillo que fumo antes de dejar de fumar otra vez.
Estoy en Lobos, tengo puesto un saco negro, largo vapor frío por la boca, está empezando a aparecer la niebla.
Miro para el costado, metiéndome un poco en las proximidades: una casa blanca con un reflector, un patio abierto a la calle.
En el fondo: una mesa con un lavatorio de material, lo que daría por entrar a ver,
subo en diagonal la vista: un pino de plaza con la luna creciente al lado,
vuelvo a mi lugar a mirar hacia el frente
el esqueleto de un camión,
un chico que conozco pasando con una campera marrón de gamuza,
el dorado de algunos bordes de la noche,
el color que deja en todas las cosas la niebla.
Como si no me alcanzara, vuelvo a mirar hacia el fondo de la casa de al lado,
ingreso lentamente unos pasos.
Un gato del tamaño de un perro o de un gato montés se queda quieto mirándome.
Siempre hay otro testigo, hasta del estremecimiento.
Vuelvo al pasto, tiro el humo de mi último cigarrillo hacia arriba y las veo:
todas las estrellas del cielo de Lobos, ancho y abierto, alto y accesible, terrenal y oceánico.
Me estremezco como lo hice hace poco por otras cosas que ahora no están,
pienso en el cielo de Jujuy inmediatamente y todas las sensaciones se acrecientan, ruego que no venga nadie a molestarme.
Se destaca como siempre la cruz del sur, cada vez que miro el cielo nocturno la veo.
¿Es un acto de libertad o estoy atada a la constelación que no puedo dejar de ver al inclinar la cabeza, al posicionar la vista?

como si el cielo también tuviera un horizonte.









Con tecnología de Blogger.