MERCEDES ARAUJO. VI LO QUE VI / LA ISLA



















Vi lo que vi

A mordiscos, dando coces
busco un árbol en la hierba
ancas rebosantes
al borde del río
rayas sobre la estepa
a mordiscos dando coces
con una pesadez que no es mía
a mordiscos dando coces
esa tarde
apacenté entre cebras dispersas
resoplando con esa
pesadez ajena
y volví a decir "dioses cebras"
a mordiscos dando coces
con el cuerpo vendado
hice movimientos inútiles
tensé músculos sanos
hasta el extremo.


***


Vi lo que vi
una jirafa con pestañas de mujer pisando
sus patas derechas a un solo tiempo
turbada, resoplando y turbada.

Una hembra a contraluz del sol
ofreciendo sus ojos.


***


Vi lo que vi: movimientos furtivos en la hierba
cuatro leones atraviesan la bruma
allí en la nada donde las plantas cambian
un bosque que luego es pradera
y nuevamente un bosque.

No me defendí esa noche ni la siguiente.


***


Vi lo que vi
cráneos de elefantes con memoria
hombres lince, mujeres con velos como murallas
una cafetera árabe en una plaza
custodiada por pastores.

Todos los animales tememos a otro.


***
          Viajar sola, Ed. Abeja reina, Buenos Aires, 2009.









La isla

Las sombras, las palabras, han cambiado
el tigre camina entre peñascos
y riscos, es príncipe del pelo blanco,
yo le digo el capitán de los tigres,
hay otros que son manchados, pero estoy
tan cerca de mí que no sé si creer en lo que veo,
si cometo un error al distinguirlo
de algunos que tienen piedras rojas en el lomo,
piedras como manchas.
A eso de las seis de la tarde
el gato hunde su cuerpo en el agua
la sangre se le agita
y la flor de la glicina se enlaza a palos secos.


*** 


Te contaría que los pájaros que se habían ido, han vuelto,
y que ahora tengo el pico róseo, plumas timoneras y me dedico
por completo a la flor y el fruto del naranjo.
Hay algo que me ha dejado confundida:
el desconsuelo se ha vuelto mayor,
una cobardía que recién ahora conozco.
No he sabido ni podido entender
cómo es la partida de la luz cada día
tan distinta, cómo es que el mar descarga tempestades,
no había pensado antes en la sal blanca y cristalina
que en el agua se disuelve y en cómo el sol
brilla más sobre la sal que sobre el verde. Perro,
reptil, ave de presa, todo me sorprende
la fragilidad, las alas que se despliegan 
hay flores amarillas que vegetan en la cabeza
y en otras partes del cuerpo.


***


Con mi cola larga, lengua ancha, roja y bífida
mi aspecto marino es más temible que la herida
que puedo causar. Tengo que decirte, no hay nada en mí
que sea tan mortífero como parece,
me gustaría saber cómo es tu vida, si tus viajes
son amables y generosos, si encontraste el sosiego,
yo te contaría que se me ha dado por volar
y alimentarme de lagartijas.


***


Hay días en los que me hundo en el agua y no sé
si por influjo de la luna o por un simple movimiento del sol
puedo deslizarme sobre la tierra tan sinuosamente
como una serpiente con aros de color azul intenso
desde la cola a la boca, pero ese cuerpo de serpiente
pálido y embozado no soy yo,
quisiera poder aclarar cerca de tus oídos
algunas de estas cosas, me has dicho
que no es posible por ahora,
ya que las nuevas ocupaciones te llevan todo el día
y también que tu vida es mejor, más sólida.
No me hagas caso, simplemente podrías decirme
si es verdad que las escamas de mi cuero
siguen brillando a pesar de haber sido
arrancadas una por una, y que aún así
el cuerpo está contento con esta pequeña vida.


***

           La isla, Ed. Bajo la luna, Buenos Aires, 2010.




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