MORITZ FRITZ/ LAMPOS







bagrad badalian







ante el crepitar de la lumbre

perdió la luz el brillo del mármol



la locura       dijeron      contaminó las aguas



bajo el tejado de helechos

se acomodaron sombras y ángulos

a la espesura errática y al silencio



cesó entonces la verticalidad en los árboles

cesó entonces el miedo               la desdicha

descubrimos la pausa del colibrí         el engaño del eco        la soledad de la conjunción

sumamos innumerables errores sin apenas mover los dedos



otros vagaban perpendiculares sin lograr fijar la mirada

escupían disertaciones a las raíces de las malas hierbas

sacrificaban mendrugos de pan       cucharas de madera       piedras semipreciosas



los sabios

anotaban las correspondencias









si llega el hambre

conocerás el perfume de las mareas



te hablará sin pausa

lento

como un rumor mezquino



[llevará tu mano a tu boca sin ser tu mano ni tu boca

todavía]



habrás de ensayar

el don de lo cotidiano

mastica



el hambre es tu raíz









regresar

hasta la desaparición del verbo



así comenzaron los mitos

memoria de fina arena que la mano sujetaba

arena de roca

  de concha

de cráneos pulverizados



regresar

hasta la desaparición del verbo en la llaga



bajo la lluvia intermitente

teje la araña un universo

    regular y elástico

donde nada que eche raíces    crece

donde la nada echa raíces         crece

donde nada                                  crece



dónde









en círculos

acariciaba las sílabas hasta bajarles la fiebre

en un rito imposible

ella

[la furia del nombre propio]

envolvía

las palabras

entre pliegues

manuscritos



rosicler



he intentado olvidar tantas cosas



he probado

a mezclar tridentes con puñales

a desgarrar mi carne donde había herida



contra el tambor de los inocentes llené mis oídos de caracolas

                                                          navegué el Leteo a diario

                                                           mastiqué tus cenizas



   en vano



por sortear las sombras y evitar las simetrías

caminé a la costa del mar los días impares de aquel febrero



pero tu nombre no lo borra el plácido vuelo del albatros

ni alcanza la luz a mediodía la médula



sed de la araña que teje tu historia

sed de la piedra pulverizada



he intentado olvidar tantas cosas que

los helechos

guardaron en sus esporas

mis dientes de leche y tus caricias

como fósiles de otra época en la que el aire no pesaba

tiempo de calma sorda sin agricultura



cuando crecían                       en los meandros

historias fantásticas                 en tallos muy finos







Moritz Fritz (1887-…) estudió Arqueología Clásica en la universidad de Jena, su ciudad natal. Dedicó gran parte de su juventud a la antigua ciudad de Delos, adonde se desplazó con tan solo 17 años para colaborar —bajo la dirección de M. Holleaux— en las excavaciones realizadas entre 1904 y 1914. Durante su estancia en Grecia visitó todos los templos y oráculos de los que tuvo noticia. En su apartamento del número 6 de Wildstraße se hallaron diversos cuadernos, tanto de su etapa griega como de su posterior retiro en Islandia. El 12 de noviembre de 1925 se perdió su rastro en Selva Negra. Este libro recoge el contenido íntegro del cuaderno Delta.


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