UXUE JUÁREZ. CASI CIERVOS




Primer acercamiento a la bestia



Solo los animales
miran como miran,
con esa atención desnuda.

Pilar Adón







Si nos atenemos a la verdad –o a la mentira- de la escritura, este texto no habla de ciervos, sino de un cuadro que E. pintó una noche en la que yo no conciliaba el sueño. En primer plano aparece un animal domesticado. Al fondo hay un bosque, una ciudad extraña, personas que caminan hacia atrás. Sé que caminan hacia atrás porque al mirar el cuadro, yo también lo hago. En la espesura, dentro y fuera a un mismo tiempo, una bestia acecha al animal.



 (anestesia)


dime de uno a diez en una escala ¿cómo de grande es tu dolor
U. Wolf



apenas me distingo del resto. tras la anestesia, abro los ojos en la sala de despertar. respiro. respiro y apenas me distingo del resto. da igual que diga tú, ella, yo, nosotras. da igual qué voz, qué acento, con qué mano te indique que estoy aquí, en la sala. porque estoy aquí como podría estar detrás de ti, acechando, como podría estar en frente, de pie, observándote con la mirada culpable del buitre que sabe que te arrancará la piel, a tiras, sin poder evitarlo. porque huele tu sangre caliente. y saliva.

apenas me distingo del resto. podría extender una sábana blanca en la tierra contigua a un campo de refugiados. podría preparar café y repartirlo en tazas. podría abrazar un torso desnudo que yace en la cama bajo el gotero. podría decir



que dios es un gran búfalo, que dios es un animal grotesco al que escupir directamente a la cara, al que escupir a los pies, a las manos. podría llenar la boca de dios de saliva y chorrearle la baba con todo el desprecio nacido del núcleo, nacido del centro del hambre, la sed, o la garra del odio. podría decir dios, no existes, eres una puta carcajada y me río de ti a la cara, abofeteo tu cara y te escupo y te  escupo y te escupo hasta anegarte en baba, hasta anegarte en desprecio como tú anegas a tus hijos en una marea de odio y hueso.



aún y todo, apenas me distinguiría, me distingo, del resto de bestias hermanas.



eso sí, en una escala de uno a diez, mi dolor tiende a infinito.



 (cosas que hago para no estar muerta)



Respiro. Ante todo, respiro. Meto las palabras en un agujero y las tapo, no sea que la bestia las vaya a encontrar. Me siento en la terraza. Apoyo la suela de las chancletas contra la jardinera. La pintura roja se ha levantado en esa zona. He dibujado un mapa del paroxismo en la jardinera de mi terraza. Mis pasos no llevan, no avanzan hacia ningún lugar. Un pie descansa sobre un punto y luego sobre el mismo punto y de nuevo y de nuevo sobre el mismo punto. He desgastado el desplazamiento. Y así cada día. Detengo un camino de manera compulsiva contra la jardinera roja de mi terraza. Lo ahogo. Ni siquiera camino dando tumbos, ni siquiera en círculos sobre mi propio eje. Simplemente, todo se ha detenido y camino sobre la detención sin desplazarme. Por lo menos hay golondrinas. Podría decir que el vuelo de las golondrinas me salva. Pero es mentira. Soy yo quien se salva, porque decido mantenerme aquí, respirando. Conocer el vacío es esto. Meterse de lleno en el vacío es esto. Meterse de lleno en el vacío es meter la cabeza en los intestinos de un frigorífico blanco y estridente cuya luz nos molesta. No hay verduras en este frigorífico blanco, no hay fruta, yogur, carne, sobras, pescado. Hay la respiración húmeda y densa de un perro que no es nuestro y que, por ello, mira de soslayo. El zumbido del frigo se introduce como un topo oscuro en el cerebro. Conocer el vacío es sentir el aliento frío de un cisne en la nuca y quedarse inmóvil, aferrada a una pluma.




(el pez rosado)



Con sus vidas paralelas, los animales ofrecen al hombre un tipo de compañía diferente de todas las que pueda aportar el intercambio humano. Diferente porque es una compañía ofrecida a la soledad del hombre en cuanto a especie.

John Berger



Mirna ha traído un pescado para cenar. Ya que he escrito pescado, escogeré uno que me apetezca comer, pongamos, un besugo. Entonces diré que Mirna ha traído un besugo para cenar. Miro los ojos del animal. Mirna resopla. En cada rincón de la casa enciende un nuevo cigarro y resopla mientras camina en círculos y genera un nuevo espacio. un espacio repleto de peces, de búfalos, de gallinas con dientes que yo no veo, pero que crece y que crece alrededor, entre nosotras, mientras Mirna camina y resopla, aspira el humo y resopla. parece un animal enjaulado con el estómago lleno de peces pequeños. pienso que los ojos de los peces dan miedo. que si una vez, en mitad del cuarto, un pez rosado gigante me observara con su ojo de cíclope, que si una vez un pez rosado[1] detuviera la mirada sobre mi piel escamada, entonces, ese día, yo, me caería de espaldas y me llevaría la mano al cuello, instintivamente, como si aguardara un lengüetazo de pez húmedo y viscoso, como si aguardara la llegada de algo crucial pero ininteligible.

El pez rosado me lanza una mirada cínica y aplaude con sus aletas pringosas.



Y anoto en mi cuaderno elpezrosadoesunacriaturasospechosa.





 [1] El pez rosado utiliza sus aletas para caminar, más que para nadar, a lo largo del fondo del océano en esta foto sin fechar. El pez rosado con manos es una de las nueve recién nombradas especies descritas en una reseña científica de la familia de los peces con manos. Solo cuatro especímenes de este escurridizo pez rosado con manos, de 10 centímetros, han sido encontrados, y todos en la zona cercana a la isla de Hobart, en la isla australiana de Tasmania.