CUATRO POEMAS DE LORENA HUITRÓN





Teorema de Bernoulli

La marca de tintura de yodo en tu piel es un cometa, te piden que te calmes, los dientes hacen pasito tun tún y resuena la música en el quirófano, son un cometa, te sientes tan helada que ahí patina un cometa, dicen que la punción epidural es como el desplome de columnas en la médula espinal pero sientes una fragua donde arden las terminaciones nerviosas por un segundo, es un cometa, los doctores te piden calma, hacen preguntas distractoras mientras introducen más agujas y vas perdiendo la noción de su olor, son un cometa, la anestesia te recorre, no son como las cosquillas que te hacían tus hermanas hace veinte años, son un cometa, hablas sin cesar como si tuvieras varias copas encima y al mismo tiempo el lenguaje va cayendo y se cuelga del mecate más guango, es un cometa, al no sentir nada el doctor procede con el bisturí, es un cometa, escuchas música de los ochenta como la que tu padre pone a todo volumen en su auto, es un cometa, tras casi una hora empujan el estómago, tras escuchar el vagido te presentan a tu bebé, recuerdas que alguien te había dicho que también la valentía era un cometa, que parir es tener un cometa, que el llanto aplica el Teorema de Bernoulli, una fuerza aerodinámica que resiste el aire, es un cometa que vence el peso y se eleva en equilibrio, como la esperanza.




  

En la primaria nos pidieron hacer una muñeca de trapo
para aprender las partes del cuerpo.

Fue nuestro acercamiento a la cirugía.

Rellené a la mía de arroz,
la vestí a cuadros con su cabello de estambre café.
Mi madre le pintó unos labios pequeños,
trazó una v invertida de nariz respingadita,
ojos almendrados y pestañas largas.

Fui cirujana al coserla con hilo rojo,
mis puntadas fueron discontinuas,
la aguja era muy gruesa,
sin punta para no pincharme y llorar.

La presenté al día siguiente,
hablé poco, volví al pupitre,
la recosté mientras el resto de mis compañeras
presentaba a sus pacientes.







En el siglo XIX a una mujer le hicieron una mastectomía sin anestesia, se mostró hiératica durante la cirugía y al terminar pidió disculpas, se vistió, lloró. De esto nada sabíamos, mucho menos que esa mujer se llamaba Alie.

Así debimos llamar a nuestras muñecas.







Tommaso Campanella hablaba de una Ciudad del Sol
“una imagen completa del mundo, en estrecha dependencia
con respecto a las estrellas”,
trazaba un territorio en siete círculos
nombrados como siete planetas.
En un orificio pequeñito someten al ojo a examen,
la pantalla se vuelve azul, verde,
una mancha de acuarela se abalanza sobre las letras.
El ojo se concentra,
Z, V, L, N, O, P, A,
se mueven en la mancha azul,
están en una alberca,
hacen buzos,
no hay Ciudad del Sol ni orden del mundo
sino una luz azarosa,
la vista es una rampa que da al abismo,
el mundo es un balón,
se resbala.


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