ANTONIO RIVERO TARAVILLO / UN CUBITO DE HIELO






Ante un cubito de hielo,
el perro de Pavlova del alcohólico
verá sed,
un Eldorado que imagina
ya acuñando pepitas en sus labios
y ese precipicio: su garganta.

El poeta lírico
sin embargo no sentirá su frío
sino el calor,
el lento derretirse
con que se va llenando el vaso
de la elegía:

observa
que el agua congelada
corre hacia atrás en el tiempo
conforme corre el tiempo
hacia adelante.
En su origen está su porvenir
(y oye en esto un eco de otros versos).

En su bandeja ve
la red que pesca témpanos que mueren,
el líquido botín, la represada
cuadrícula de nichos con fantasmas.

Mientras lo oye crujir,
en el prieto blancor de una muchacha
contempla su esqueleto blanqueado.