GUSTAVO YUSTE. LAS CANCIONES DE LOS BOLICHES























Las canciones de los boliches

El viento elige qué ruidos
entran en tu habitación:
trenes lejanos,
sirenas que aturden a contramano por la avenida,
pájaros que cantan a destiempo a las 4 de la madrugada.

No podemos dormirnos
y el sol ya se mete de lleno
por la ventana.

Parece mentira que todavía nos dé vergüenza
escuchar nuestras voces por teléfono
y que yo no te haya podido confesar
que las canciones de los boliches
siempre me parecieron demasiado melancólicas
y por eso llevo más de 5 años
sin poder bailar
ni un solo paso.










No tira

La tuca de nuestra relación
ya no tira.

¿Te molesta si la desarmo
para agregarla cuando arme
algo mejor después?










Marianela

Fanática de las peores versiones de todo,
Marianela sale a la calle
a buscar algo para el almuerzo
y sentir el asfalto
como una prolongación natural
de sus piernas fibrosas.

No la sorprende la quietud
de un domingo que tarda en cargarse
ni el precio de las cosas,
ni siquiera que otra vez haya dormido sola.

Alguien que la quiso mucho
una vez le sugirió
que quizás ella no tenía sentimientos;
Marianela sabía que eso no era cierto,
pero empezó a creérselo
y ahora todas las cuadras
que no tienen un tacho de basura
le hacen sentir que carga
más tiempo que el necesario
lo que ya no necesita.

Marianela avanza firme y decidida
bajo el sol de la media mañana del Abasto
con esa tranquilidad que da saber
que nadie, nunca,
en ningún lado
la está esperando.










Cada vez más flaca

Mi perra se sienta al lado mío,
ya tiene 15 años
y cada vez la veo más flaca.
Sé que es algo irreversible,
por eso me agacho
para acariciarla un rato largo.

Contenta, acepta mi mano sobre su lomo
y yo, otra vez,
vuelvo a caer en la trampa
de creer que el cariño
puede solucionar algunas cosas. 











Algo caído del cielo

Hacía años que no soñaba con mi viejo
pero esta vez tuvo un breve cameo
y vestido de Súper Yo me dijo:

“La envidia es la segunda marca
de la ignorancia.
Uno nunca sabe realmente
el esfuerzo que hay detrás
de cada cosa
y son muy pocos los casos
en los que algo caído del cielo
resulta bien.

Sino fijate lo que le pasó
a aquella solitaria
vaca cubana”.

Cuando le quise responder,
ninguna palabra salía de mi boca
y mientras se alejaba,
un truco de cámara me mostró a mí mismo
haciendo el mismo gesto
que hacen los chicos en la costanera
cada vez que despega un avión.