PACO NAJARRO / EL EXTRAÑO QUE COME EN TU VAJILLA





edward alba





MIMO

El árbol que ha estirado para verme
su cuello me hace muecas,
pero no deja aliento en la ventana,
pero no lo comprendo.

Es extraño porque ambos respiramos
desde la misma tierra en que nacimos,
aunque quizás lo mío sea patria
y su cuadrado un plato de comida.

Es extraño el exilio de los árboles
que avenidan sin rumbo la ciudad,
viven en el origen de su lengua
y sin embargo nadie les entiende.

Puede que me señale sus raíces,
puede que los cimientos de mi casa
le hayan pisado y así, por empatía,
hable todos los males del planeta.

Una vez, en la calle,
lloré, lloré muy lento,
una anciana paralizaba el tráfico
aunque sus piernas no eran nada sexis.

Otra vez, en la calle,
un niño sin helado
se manchaba de pobre con sus babas
y a mí me entraron ganas de comer.

El hombre que me mira desde casa
ha olvidado su idioma, no se mueve,
es un leñador pero se piensa árbol,
pero no lo comprende.


FOBIA

Contemplar a la muerte en el origen
es cerrar sin ninguna calma el círculo,
como ganar haciendo trampa el juego
que empezamos cuando éramos pequeños,
trucar los dados de avanzar los años
para saltarnos eso de ser viejos.

En el parque se pueden ver los viejos
jugar con la petanca y con su origen,
lanzar la bola grande de sus años
a la chica para iniciar el círculo,
son ganas de volver a ser pequeños
lo que tienen y no ganar el juego.

Y es que ser médico pasó de juego
a juicio y ni enfermeras quiere el viejo
por sufrir en su cuerpo lo pequeño
que tapan los pañales de su origen.
El suero en el gotero forma círculos
como cumplen los árboles sus años.

Porque apagamos, al soplar, los años
y no las velas, es la vida juego,
porque gira el tambor con bala en círculos,
ruleta rusa, grita todo viejo,
porque está lejos el lugar origen
cuentan que cada vez es más pequeño.

Cuando tenían dedos más pequeños,
suficientes para mostrar sus años,
y tocaban con ellos el origen
y reían igual que con un juego,
los miraban con pena algunos viejos
que a bastonazos dibujaban círculos.

Así yo tiemblo frente a cualquier círculo,
aunque se trate de uno muy pequeño
o esté medio borrado de tan viejo,
que no quiero dejar de cumplir años,
que tengo que jugar al mismo juego
que tú para llegar a nuestro origen.

Donde empieza el origen de los círculos,
antes de los juegos de los pequeños,
se amontonan los años de los viejos.


POÉ(TI)CA

La he visto con su bata negra y rulos
en la peluquería me he asustado
porque si estaba allí cotilleando
-quizás averiguando el paradero
del maridito infiel de una maruja podría
pasear por la ciudad,
sentarse en un café o coger un taxi,
venir a casa cuando yo no esté.

La muerte no me aterra ni con rulos,
aterraba, perdón, que ahora vivo
contigo: en el buzón está tu nombre.

Y lo peor vendría tras tu muerte,
sentir todas las penas como mías,
llorar por el marido
infiel de la Maruja,
escribir poesía de tijeras.


POE(MI)CA

Si apago la televisión me veo,
si le bajo el volumen a la radio
me escucho respirar.

Soy una noticia terrible.
Debería hacer lo que la gente hace,

hablar sobre las penas de los otros.
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