MARIA LILIAN ESCOBAR. CANCIÓN NOCTURNA





















mi pequeño hijo no camina
no dice una palabra
es imperfecto
como una rosa blanca
tiene el aliento tibio
y me cobija en su cuarto



mi Jardín vuelve a florecer
entre sus viejos juguetes
el lápiz de mis sueños
lo sana de toda aflicción



tanto nos mira
su árbol de colores
y un milagro nos acuna
como silencioso Sol
que extrae del desierto
el corazón de su madre








bocas lactantes de Luz
muerte que apenas madura
fecunda una y otra vez
esa dialéctica de nostalgia del cuerpo
mapa absoluto de mudos
que se abandonan a la ausencia
y en ese vaivén
la Palabra aparece
los tantos rostros de la oscuridad
comienzan a crear el poema
o vocablo nubilar
de un hijo bastardo
rey de los nobles amaneciendo







los ciegos ven las estrellas
mientras arde su dolor




el líquido de sus ojos
se ilumina
sobre la flaca espada del horizonte
les basta a su través
imaginar los colores




hacia la aurora boreal
envían el soplo de su alma llagada 
pequeña moradora nocturna
en los intersticios del alba







un tiempo
alberga tiempos
un sonido
el rumor de su estela




mi campo guarda
las cenizas del año
en su duro Abril




pestañas como rejas
alborotan los claros del agua
sobre mis ojos creyentes




en las sienes de un olvido
ciernen las navidades
el aliento final
con cadenas tendidas

hacia el íntimo horizonte